En la tarde de ayer la violencia nos sacudió dramáticamente y nos removió bajo la forma de la peor de las pesadillas. Isabel Carrasco Lorenzo,la mujer, la madre, la política de 59 años de edad, que ostentaba el cargo de Presidenta de la Diputación de León y Presidenta del PP en la provincia,era abatida a tiros. Considero que no es el momento, porque no procede,y porque ya habrá ocasión de hacerlo el entrar a analizar, sopesar y valorar su gestión personal y política, ejercida a lo largo de su dilatada vida dedicada a la actividad pública, pero sí el de manifestar mi más explícita y rotunda repulsa por el modo en que le fue arrebatada la vida. Por encima de ideologías y cuestiones de índole personal siempre debe prevalecer el respeto por la vida de los sereshumanos. La muerte de una persona a manos de otra no tiene ninguna justificación. Sólo podría entenderse como justificada en el caso de defensa propia, pero eso no se puede considerar una muerte por asesinato sino por necesariasupervivencia. Creo que no es el caso. Ninguno, ninguna tiene derecho a disponer de la vida de otro ser humano. Nunca debiera haber una justificación que amparara a nadie para arrebatar la existencia de otrosemejante.

Matar es un acto inmoral que atenta contra nuestros principios y que nos debe provocar rechazo por lo que tiene de traumático, salvaje y antinatural. Pero en ocasiones pareciera que hay algún modo de superar ese límite acogiéndose a alguna causa que justifique ese acto y que sirve para liberar al autor de la culpa implícita en el crimen. En el caso de la muerte de Isabel Carrasco Lorenzo pareciera que el uso de la violencia se justifica a partir de la idea que tienela presunta autora del asesinato para llevar a cabo el atentado contra la vida de la presidenta: por venganza; tal y como se desprende de los indicios habidos en la investigación. Y es que, Isabel Carrasco, supuestamente,habría desposeído a la causante de su muerte deuna situación de estabilidad personal y emocional que trastocó todos los principios éticos y morales que toda persona debiera anteponer frente a cualquier situación de ultraje asus intereses intrínsecos. Pero nunca el dolor que produce una afrenta producida por otra persona puede ser suficiente motivo para matarla, salvo que uno se vuelva loco y no sepa lo que hace.Esa,posiblemente,tampoco seala cuestión. La venganza es solamente ganas o necesidadde descargar toda la ira y el odio en otro ser.Pero, por encima de todo, hay una obligación de no dañar a los demás, ni tan siquiera a los que nos han hecho un daño previo. Pensar que la venganza está permitida significaría que estaría permitido tomarse la justicia cada uno por su mano, por lo que, en los Estados de derecho, como el nuestro, el poder judicial no serviría para nada.España es un Estado de derecho donde la acción social y la estatal encuentran su sustento en la norma. Un Estado de derecho es aquel en donde la ley es el instrumento preferente para guiar la conducta de los ciudadanos, ayudando así a prevenir o solucionar eficaz y pacíficamente los conflictos entre ellos,con lo quela justicia no se puede tomar por la propia mano, dañando a quien nos daña, y por tanto la venganza nunca está justificada.Por principios no estoy a favor de la violencia. Considero que la violencia sólo engendra más violencia, por lo querechazo, igualmente, toda forma de venganza. La venganza siembra odio, rencor; el deseo de vengarse envenena el alma, te vuelve impasible, inestable, perceptivo a todo lo malo. En definitiva, te sumerge en un mundo de negatividad y no soluciona el problema. Lo recomendable sería enfrentarte a los hechos en el momento y enseguida pasar página, pues, aunque causes un daño a quien te hizo daño, nunca sabrás si es acorde al que recibiste, mayor o menor. Al menos nunca será, como en este lamentable caso, tan desproporcionado que ha de servir para quitar la vida a una persona.

Mi sentido pésame para la familia personal de Isabel Carrasco Lorenzo.

Mi sentido pésame para su familia política, sus compañeros y compañeras del PP.

Descanse en Paz la mujer, la madre, la política Isabel Carrasco Lorenzo.


Nicanor García Ordiz

felix 359 1

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