Victor Corcoba

Después de haber vivido en la Comunidad Valenciana, el V Encuentro España-África, mujeres por un mundo mejor, está visto que tener aspiraciones es privilegio femenino. Ellas no renuncian a nada y lo que anuncian son compromisos tan justos como precisos. Los derechos de las mujeres son nuestros derechos, los derechos de nuestra propia historia humana, y como tales deben ser considerados. El respeto es la primera condición de vida.  Sin embargo, y a pesar de los avances, todavía sigue vigente en buena parte del mundo la célebre frase de Isabel Allende: “es mejor ser hombre que mujer, porque hasta el hombre más miserable tiene una mujer a la cual mandar”. Aún queda por dignificar mucha vida humana en todo el planetario. La apuesta propiciada por centenares de mujeres procedentes de países africanos, europeos e Iberoamericanos, reunidas en Valencia, acuerda unos compromisos que a todas las personas, sin diferencias de género, nos deben obligar. Analicemos algunos de sus puntos fuertes transmitidos al mundo.

 Ciertamente, ejercer el liderazgo no debe ser cuestión de género, sino de sabiduría, de capacidad de servicio. La mujer en el ejercicio del poder y la adopción de decisiones todavía tiene escasa presencia en relación con el hombre. Como resultado de ello, los intereses y las preocupaciones de la mujer, suelen quedar mal explicitados u omitidos, en la formulación de políticas de igualdad. Las mujeres por un mundo mejor, se proponen poner en marcha, desde la convicción de que el liderazgo de las mujeres enriquece el tejido democrático, un programa permanente de liderazgo político y social en el Centro de Formación Regional de Bamako, que se abrirá en los próximos meses. La democracia no es el silencio de las mujeres, es la voz de la ciudadanía, y debe dar rienda suelta a las energías de todo ser humano. El hecho de que confluya la complementariedad de la mujer y del hombre, que se iguale la diversidad, que la mujer esté presente en los diversos ámbitos de la vida social, económica y política, no cabe duda que enriquece un estilo de vida de un mundo que aún en su organización prevalece lo masculino.

 Ahora se proponen las mujeres en Valencia, y seguro que lo consiguen como anteriormente han llevado a buen puerto otros compromisos, doblar el número de programas de refuerzo de las instituciones democráticas que acordaron en Monrovia, seguir facilitando el acceso de las mujeres a los medios y recursos productivos, fomentando el desarrollo de empresas dirigidas por ellas con la creación de dos centros regionales de promoción empresarial, avanzar en el acceso a las microfinanzas, seguir contribuyendo a la capacitación de las mujeres programando cursos regionales de formación continuada en gestión, comercio y asociacionismo agrícola del Centro de Formación de Malí, favorecer la cooperación con otras organizaciones regionales, apoyando los objetivos de la Década de las Mujeres Africanas lanzada recientemente por la Unión Africana y Naciones Unidas. En cualquier caso, a todas les afana y desvela un mismo objetivo, el papel necesario de la mujer en la adopción de decisiones en el mundo, y se hallan unidas por este propósito, convencidas de que el planeta será más humano en la medida que puedan participar junto a los hombres con las mismas condiciones de igualdad.

 Dirigentes mundiales han declarado persistentemente, en sucesivos momentos y lugares, que “el progreso de la mujer es el progreso de todos”. Lástima que aún quede mucho por hacer, que el acceso universal de las niñas a la educación todavía diste bastante de conseguir esa universalidad, puesto que es condición indispensable para el éxito de la lucha por la igualdad. Evidentemente, si las mujeres se quedan rezagadas respecto al conocimiento, se perderá su visión y su valía intelectual, tan necesaria como la del hombre. Las mujeres por un mundo mejor quieren consolidar la educación. Lo dijo Kant: “tan solo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él”. Ellas ahora se han comprometido a impulsar un programa de formación, organizado por la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España, para incrementar el número de maestras en diversos países africanos y también ampliar los proyectos de cooperación cultural que ya vienen realizando.

 También estas mujeres, heroínas del nuevo siglo, se han comprometido a consolidar los sistemas de salud. Proponen iniciar, en diversos países, programas de formación de enfermeras y matronas que garantice una mejor asistencia primaria. Aún hoy la enfermedad tiene rostro de mujer. La maternidad es un grave riesgo en muchos países. También la epidemia mundial del VIH/SIDA se está cebando con las mujeres.  De igual modo, hay que poner fin a la impunidad de la violencia contra las mujeres y las niñas. No se trata de enfrentar géneros, sino de sumar valores. El mundo necesita esfuerzos comunes. A juzgar por los datos estadísticos, todo apunta que invertir en la igualdad de géneros y en el empoderamiento de la mujer no es baldío, aquellos países que han conseguido los mayores niveles de igualdad entre los géneros, también  han logrado no sólo mayor justicia y bienestar social, sino también crecimiento económico y mayor competitividad en razón de haber ofrecido a las mujeres la oportunidad de trabajar, organizar y aportar su contribución a la sociedad. Sin duda, el futuro está en estas mujeres, apiñadas  y empeñadas en conseguir otro mundo más humano.

 

Víctor Corcoba Herrero / Escritor
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