“Vara de mimbre” es el título de un poemario escrito por Ana María Gamallo, poetisa nacida en La Habana y residente en Chantada (Lugo). Ana María estudió Geografía e Historia en Orense, pero  vicisitudes de  la vida la encaminaron  al verso.

No es nueva en la Literatura. Hay, en su andadura, un libro titulado SENTIMIENTOS, al que hoy une VARA DE MIMBRE y a los que seguirán, en breve, VERBAS DO SILENZO y ENCUENTROS, de próxima aparición.

De esta poetisa dice Pepe Pol, el exquisito escritor de Montefurado que su vara de mimbre, al ser cortada, permanece inflexible aunque en su vida hay mucho dolor. No está rota esa vara sino que se ha hecho más dura y con ella trae aires de libertad para ella misma”.

Yo añadiría que en el libro hay, por supuesto, poemas de desamor porque la autora ha querido vaciar su alma para iniciar una nueva andadura, aunque, a su pesar, a veces, se resiste ,pero  la amargura sigue latiendo en sus versos, como puede leerse en uno que comienza así: “ Hace tiempo juré que olvidaría, cerrándole al amor mi corazón…”.

Quizá  a su melancolía  -y a su ternura-   le añade un prurito de vergüenza que le impide escribir en primera persona, aunque tomando parte en el discurso poético. “Besa los párpados cerrados,/ aspira su aliento a alcohol/. Sabe que él, mañana /solo pensará en otra./ No se acordará de su mirada de pena/ ni pensará en quien tanto le quiere”. Es decir, escribe sangrándole el alma, inundada de dolor por el engaño y añade: “… que me peguen,/ hieran,/ torturen…” o se hace tierna  -la ternura está siempre presente porque Ana María es ternura-   si habla de su madre a quien cuenta sus penas: “ Mami, cántame una nana / que aunque duerma te sentiré…”.

Pero a la vez que dolor, hay esperanza en su aliento poético. “Vuelve a latir corazón / que te has quedado dormido/. Quiero romper el silencio / de tu cuerpo junto al mío…”.

Y más versos hermosos de ese corazón destrozado. “Ahora, en este momento / que nada concreto sé ni siento / el tiempo estarás en mí /  y yo en el tiempo/”.

También domina el lengua poético de las imágenes literarias y así podemos leer, por ejemplo:

Acurrucada en el rincón de la melancolía.

No me pidas que te de mi soledad. Está viva en mi.

Amo el tacto de tus manos enjutas.

Sumida en una pétrea oscuridad.

Mucha soledad y mucho desamor. Todos los poemas están velados por la soledad del corazón herido: ”Cuando llega la noche / te echo de menos/ la angustia de la soledad / invade mi cuerpo / y llega la noche. /Tengo que llenar las horas vacías…”.

Ana María Gamallo es una poetisa a tener en cuenta porque, además, sabe recitar con emoción sus poemas y eso cuenta a su favor.

Antonio Esteban

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