El director de La Nueva Crónica, David Rubio, presentó el último libro del escritor berciano Valentín Carrera, “Ahí estamos”, antología de las columnas dominicales publicadas por Carrera desde 2013, cargadas de poesía, de indignación y rabia, pero desde el optimismo y la confianza en el ser humano.

“Con la publicación de este libro –explicó David Rubio–, La Nueva Crónica inicia una nueva aventura editorial a la que se irán sumando otros títulos de nuestros colaboradores. Hemos escogido estas ochenta columnas de Carrera para abrir la colección porque son un ejercicio de periodismo en libertad, valiente y arriesgado, con frecuencia incómodo. Como dice Valentín citando al maestro de periodistas Kapuściński, los indiferentes y los cínicos no sirven para este oficio”.

La autora del prólogo, Noemí Sabugal, delegada de La Nueva Crónica en El Bierzo, describe al autor como permanentemente en busca de sus raíces: “Valentín Carrera regresa a su pequeña patria del Bierzo para establecer quién es y será siempre. Los recuerdos están ahí para eso: la máquina de escribir Hispano Olivetti M40 de su padre, con la que hizo sus primeros escritos. La niñez de ese crío ponferradino que nació en el año de la revolución cubana se convierte en el sustrato del adolescente que se enamora con facilidad, y por fin del adulto que va aplazando sueños mientras se inventa otros”.

“Las promesas en las cartas a antiguas novias tiemblan en estas páginas –dice Sabugal–, igual que el amor a sus tres hijas y la generosidad hacia el talento de los amigos, que otros suelen evitar por dudar del propio. Los lugares donde se ha sido feliz, los amigos que ya no están y también los que estarán siempre; los amores pasados y presentes; y la infancia en blanco y negro tejen esa modernidad sólida, ese presente con el que Valentín Carrera se arropa mientras vive, escribe y cuida su descuidado huerto ecológico”.

Naufragio emocional

El autor agradeció el esfuerzo editorial de La Nueva Crónica. Carrera definió su libro como un ejercicio sanador. “Ahí estamos son chapoteos de un naufragio emocional, mendigando cariño, y prosas ácidas escritas sin complacencia: el oficio de periodista es a veces el del juez que levanta un cádaver o el del proctólogo que diagnóstica un cáncer de colon. Nadie ha dicho que sea cómodo, pero el periodismo también es una forma de sacerdocio; en mi caso, laico.

“Yo no he escrito estas páginas; siento que brotan de un manantial interior del que no soy responsable; que mana en forma de artículos, novelas, viajes, blogs…, con la voluntad del compromiso solidario con las causas de los débiles frente a los poderosos, con razón o sin ella. Escribo para ser y no rendirme, para continuar el viaje. Para andar y contar. Escribo por amor: para que me quieran. Para que tú me quieras”, concluyó Carrera, con una broma final: “Como le dije a John Lennon una tarde en Liverpool, «la vida es mientras escribo».

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