Estos Mapas afectivos surgen como una necesidad vital, una forma de acercar a los lectores y lectoras una forma diferente de viajar por el mundo. Viajes por aquellos mapas afectivos que nos enseñan y nos emocionan, que en definitiva nos ayudan a entender más y mejor el universo en el que vivimos.

Un libro que en cierto modo sigue la línea emprendida en Viajes sin mapa. Y que en esta ocasión he contado con el apoyo de La Nueva Crónica, el escritor y periodista Valentín Carrera, que ha hecho un prólogo magnífico, y las extraordinarias palabras que me dedica el gran Julio Llamazares en la contraportada, lo cual me entusiasma.

Mapas afectivos se lo dedico en especial a mi padre, que tanto me enseñó, que me ayudó a volar. A mirar al horizonte. A descubrir que hay al otro lado de la Sierra de Gistredo.

Viajo por Norteamérica, el Norte de África y varios lugares de Europa, incluido el noroeste de España, todos ellos mapas afectivos, porque los mejores sitios del mundo son aquellos en los que uno acaba encontrado la temperatura afectiva adecuada. Y uno se quedaría con estos lugares: Miña terra galega como una prolongación del Bierzo. Y El Bierzo como un gran mapa afectivo, que no me canso de recorrer, de admirar. Es mi matria, mi memoria afectiva, mi caverna, como dijera el genial filósofo Gustavo Bueno, el lugar al que siempre vuelvo. Me encanta volver a mi útero materno, Noceda del Bierzo. Siempre que puedo. Todos esos espacios me han dejado huella, por unas u otras razones. Siempre se quedan fuera del tintero algunos destinos. Es inevitable. Pero prometo hablar de ellos en otra ocasión, si el tiempo me lo permite.

Acabo de estar en Holanda, país hermoso, bucólico, que siento como un jardín o huerto tranquilo. Y Ámsterdam me sigue pareciendo una de las ciudades más líricas de Europa.
Cada viaje es un aprendizaje. Sólo hay que viajar con los cinco sentidos, dejarse empapar por lo desconocido, lo sorprendente, por aquello con lo que uno no está del todo familiarizado. Se aprende mucho en cada viaje, si uno desea abrir su mente al mundo. Recomiendo viajar y leer de un modo intenso, acaso porque viajando y leyendo se orea el alma y se espabila el entendimiento.

Con estos Mapas afectivos me gustaría que los lectores y lectoras sintieran que lo que cuento está escrito con las entrañas. Y que, una vez leído el libro, deseen viajar, conocer esos sitios de los que hablo.

Me gusta viajar y contar lo que he visto, vivido, sentido en cada viaje. Viajar me parece esencial, además de instructivo, estimulante, saludable, incluso. Y escribir puede resultar terapéutico. Un modo de poner en orden las ideas, de entender mejor el mundo en que vivimos. Una forma, en definitiva, de estar y ser en el mundo.

Manuel Cuenya

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