I n girum imus nocte et consumimur igni.

(“Giramos en círculos durante la noche y

somos consumidos por el fuego”.)

 

Virgilio

 

 

 

Desde hacía tiempo, casi todas las noches, antes de acostarse, se entretenía un buen rato realizando maravillosos periplos de ida y vuelta a través de las frases. Era una tarea arriesgada, pero ineludible para mantener vivo su espíritu.

 

Esta vez, sin embargo, alguna letra no debió quedar ajustada convenientemente, porque del lugar −remoto− al que lo llevaron las palabras no acertó a regresar.

 

Al inspeccionar el apartamento, la policía no descubrió nada raro, ningún indicio revelador. Pero sí que se fijaron en el aspecto de la mesa (y en la perfecta disposición de la silla) que él utilizaba para el pasatiempo. La luz del flexo aún iluminaba el viejo diccionario, el estuche de los bolígrafos, el cuaderno... incluso el vaso de leche, vacío, y el cenicero, colmado de colillas.

Fermín López Costero

(Pequeño catálogo de historias breves. Cacabelos, 2003)

 

 

 

 

 

 

 

 

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