Según tú, no suelo ser cariñosa. Extiendo el rectángulo y lo arranco sin cambiar la expresión. Lo desecho en el otro extremo de la mesa, consciente de que me contemplas. Un palmo de piel libre de vello, otro, otro, otro más. Tus ojos fijos en mis gestos. "Los pelos afean", me dices al contemplarlos atrapados en mis papeles usados. Sustituyes el asombro por la gratitud según los coleccionas. "Forzar la búsqueda de la belleza duele", te respondo. Enciendes tu mechero y lo acercas a un cabo de vela. Derrites sobre él la cera y mueves la base de aluminio para invadir de verde pálido el blanco mar. Sonríes, pretendiendo demostrarme que el carácter es maleable. Pienso que ser complaciente es tan artificial como una pierna perfectamente depilada. Podría pasarme la noche viendo tus dibujos líquidos... Pero no a costa de mi sensibilidad.

 

(c) Erika Cipré

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