En esta ocasión Carlos Fidalgo no tuvo que escribir sobre el pregón de las fiestas del Cristo, sino que se puso del otro lado para escribir el pregón. Para pregonar las fiestas del Cristo. Y se sirvió de su experiencia, con dos décadas a sus espaldas trabajando en un periódico provincial que de una forma u otra se ha notado en un discurso muy completo que incluyó desde un breve repaso por la historia, los recuerdos de la infancia, y hasta un triple mensaje reivindicativo.

Fidalgo no pasó por alto el pasado minero de Bembibre y su impacto en la sociedad local, lo que ha obligado a buscar alternativas que no acaban de llegar. “Tenemos una causa justa, la del carbón, la locomotora que tiró de nosotros, que nos hizo crecer durante años”, destacó el pregonero que no olvidó a los mineros, “aunque ya queden poco”, lamentó, pero que “forman parte de nosotros, de lo que somos, y sin ellos no se entendería el Bembibre del último siglo”.

En este sentido, propuso la búsqueda de alternativas, y que esas alternativas surjan en Bembibre. “No podemos esperar a que venga alguien de fuera a sacarnos las castañas del fuego”, añadió , “debemos hacerlo nosotros”.

En su condición de escritor, aprovechó para contar la historia del atleta checo Emil Zátopek, que después de haber sido considerado un héroe por conseguir cinco medallas en los Juegos Olímpicos, su apoyo a las reformas del Gobierno le pasó factura con un castigo tras la invasión soviética, siendo degrado a la categoría de barrendero.

“Le dieron una escoba y le dijeron ‘barre’. Y todo el mundo supo que Emil Zátopek, el orgullo de Checoslovaquia, el hombre que corría como un péndulo, pero nunca se caía, era quien barría las aceras de la principal avenida de Praga”.

“Al tercer día, Emil Zátopek, cogió su escoba, se plantó en el centro de la ciudad y se dispuso a hacer su trabajo. Pero cuando bajó la vista al suelo no encontró ni un solo papel, ni polvo, ni excrementos de perro, nada de lo que debería limpiar un barrendero, nada, porque cada vecino de aquella avenida tan larga se había tomado la molestia de barrer su parte de la acera para que no tuviera que hacerlo él… “

Fidalgo añadió en su discurso que “quizá a nosotros nos pase ahora algo parecido a lo que le ocurría al viejo Zátopek cuando corría”: nadie caerá “mientras cada uno barra su parte de acera”.

Pero el pregón también fue reivindicativo desde un punto de vista cultural en el momento en que Fidalgo se centró en la figura de Villarejo, “un fotógrafo al que aún no se conoce lo suficiente”. Y ahora que existe un proyecto para la rehabilitación de su vivienda pidió que no se demore en el tiempo para convertirlo “en el centro cultural que su memoria merece”.

Una tercera reivindicación apunta al Bronce de Bembibre “un objeto histórico que habla de nosotros, de nuestros ancestros, que es de aquí, lo repito, y que tiene que volver aquí, porque aquí lo descubrieron y aquí, en Bembibre, tenemos un museo capaz de albergarlo”.

Y todo en un discurso que recordó el pasado romano y prerromano que atestiguan tanto el Edicto de Augusto como posiblemente el asentamiento Interamnium Flavium; recordando que fue Señoría desde la Peña hasta Brañuelas, el aforamiento que concedió el rey Alfonso IX a Bembibre; el pasado judío con sinagoga y barrio propio, la novela “El señor de Bembibre” y lo que ha supuesto para la villa, el papel del pintor Amable Arias, hasta el embutido por excelencia: “somos, y ahora nos sentamos a la mesa, la capital del botillo”, y añadió que “hemos convertido un plato de pobres en un manjar”.

En definitiva, Carlos Fidalgo no recurrió sólo a la historia o a los recuerdos, sino que aprovechó la mejor estructura de cada pregón para conseguir la atención de los bembibrenses que, a pesar de la lluvia y paraguas en mano, aguardaron hasta el final del discurso y el chupinazo que marcó el inicio de las fiestas del Cristo.

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