Leo Harlem fue el protagonista del FestivalLeo Harlem presentó este sábado en Bembibre un discurso en su línea, en clave de humor. Definió el botillo como un “arma de destrucción masiva”, pero advirtió que no es tan fuerte como aparenta: “los huesos no se comen”. Y es que, en clave de humor o en tono del día a día (algo que no es fácil de adivinar) Leonardo González hizo una profunda apología de la cocina tradicional frente a las exquisiteces modernas.

Las autoridades locales recibieron al mantenedor en el Ayuntamiento, donde firmó en el Libro de Honor. No pasó por alto el mensaje de José Luis Rodríguez Zapatero. Y se le preguntó por qué impresión le merece ser mantenedor de un evento por el que han pasado hasta dos presidentes del Gobierno: “son trabajos que van saliendo”, con su particular sentido del humor, en referencia a Zapatero: “Lo mío es preparación de años. Hoy en día ser presidente del Gobierno… una dedicación de un poquito aquí, un poquito allí… al final para sacar un sueldo”.

Pero lo más sorprendente fue que, siendo masajista del Íscar Industrial (rival habitual en competición del Atlético Bembibre) su recuerdo de una anécdota con el ex-jugador del club rojiblanco Casimiro como protagonista no dejó indiferente a nadie. Tal y como Leo Harlem cuenta las cosas, con ese carácter bromista característico, explicó que “estábamos en el campo del Íscar y había caído una tromba de agua. Cayó el balón en el barro y todo el mundo metiendo la piernina hasta que vino Casimiro, metió un zambombazo y el balón salió como un sputnik. Y todo el mundo que estaba en el campo quedó en silencio. Fue espectacular con un tío tan alto y tan fuerte”.

Esta edición del Festival del Botillo centró buena parte de sus actos a reconocer la multiculturalidad de Bembibre. A la cena no faltaron representantes de las embajadas de Cabo Verde y Portugal, y las pantallas gigantes laterales proyectaron un vídeo sobre la consolidación de la población en torno a la minería del carbón y la conformación de una sociedad de diferentes etnias.

Al término del acto llegaría el momento central, la degustación de un buen botillo del Bierzo por los cerca de 1.000 comensales que confirmaron su asistencia a la cena en el nuevo recinto Bembibre Arena de Bembibre, la que se presenta como ubicación definitiva del evento.

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