Un pequeño perro de, aproximadamente, un año, ha sido uno de los protagonistas de una de esas historias que tienen un significado especial en Navidad. Un perro atrapado en un montículo en el río Boeza, y un joven de Bembibre que no se lo pensó dos veces y salió al rescate a bordo de bote neumático, apoyado por la Policía Local y Protección Civil.

Todavía no se sabe por qué estaba este perrito en el río, posiblemente desde el martes, día de Nochebuena, como algunos de los presentes esta mañana llegó a afirmar, sin que le dieran la importancia que realmente tenía. Al parecer, el perro llevaba todos estos días vagando debajo del puente del Socuello sin posibilidad de moverse, rodeado de agua, hasta que una corriente lo arrastró hasta un montículo de sedimentos y maleza ya a la vista de todos.

Esta misma mañana dieron aviso a la Policía Local que rápidamente puso en marcha un operativo para rescatarlo. Pero los medios no eran lo suficientemente seguros, y antes de dar aviso a un equipo especializado, Jesús, un joven de Bembibre, planteó la opción de acudir a por una pequeña lancha neumática de plástico, común en cualquier playa durante el verano, para rescatar a este perro.

Las bajas temperaturas que, en caso de vuelco podrían haber causado una hipotermia, no frenaron a este joven que estuvo asistido por la Policía Local, Protección Civil y algunos voluntarios, quienes tensaron la lancha amarrada por cuerdas por ambos lados para evitar que la corriente llevasen la embarcación a la deriva.

No sin dificultad, llegó al montículo donde se encontraba el perro, salió de la lancha y lo rescató. Aquel, sumiso, con mucho frío y hambre, no hizo ademán de morder a su rescatador, quien lo protegió entre su abrigo hasta llegar a la orilla, donde le esperaba toda la comida que quisiera para recuperar fuerzas.

Muchas personas que pasaban por el lugar se quedaron contemplando este rescate que, una vez finalizó, terminó con un sonoro aplauso por este particular rescate y por la hazaña de Jesús.

Pero, por si estos hechos todavía no fueran dignos de una buena historia navideña, aún queda un buen final al llegar a la orilla donde una vecina de Bembibre se ofreció para adoptar a este perro en el supuesto caso de que no aparezca un dueño. En caso contrario, en cuestión de pocos días tomaría rumbo a la perrera.

Lo primero que hizo su dueña adoptiva fue darle un buen baño para, posteriormente, acudir al cuartel de la Policía Local donde procederían a analizar si tenía chip y, si es así, comprobar por qué estaba el perro en el río. Pero esa será otra historia que será contada en otro momento.

 

 

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