El humorista Juan Muñoz hizo alarde de su buen humor en la fiesta del Botillo de la residencia El Santo. No hizo falta un discurso profundo ni muy largo, fundamentalmente porque el humorista dedicó su tiempo de lleno a este evento, a la gente y a sus fans, que también había más de uno.

Un año más, el Botillo de la residencia se ha convertido en uno de los festivales destacados de la demarcación. Se trata de un evento que no se mide por la asistencia -porque está pensado para los residentes y familiares- pero sí por la calidad de los mantenedores, personas destacadas del mundo del espectáculo que han querido compartir esta comida tan especial con los asistentes y con el personal del centro.

En esta ocasión el turno fue para el polifacético Juan Muñoz. Polifacético sobre el escenario, pero también fuera del mismo ya que desde el principio encarnó, según cada momento, a los diferentes personajes a los que ha dado vida en su carrera artística.

No es un secreto, mucho menos en esta zona, el vínculo que tuvo Juan Muñoz con Matachana. Por ello, reconoció ser conocedor del embutido que venía a pregonar y de la comarca en general: "lo conozco bien, y aunque no lo conociera es una tierra que enamora", aseguró. Y en concreto, el humorista no pasó por alto la buena fama gastronómica de la comarca. "Es venir aquí y disfrutar de la comida", reconoció. "Ayer nada más llegar me metí un plato de judiones con patas de cerdo... ¡me voy a pedir una sopa de pescado yo aquí!".

El mantenedor expresó su satisfacción por haberle invitado al botillo en calidad de mantenedor de la residencia, fundamentalmente porque "tengo respeto y admiración a las personas mayores", y en concreto puso como ejemplo a sus padres "y a todos los hijos de la posguerra".

 

A la postre, este festival se convirtió en una fiesta. Por la recepción con la banda de gaitas, por el papel del mantenedor, y por la aportación musical de la rondalla Villavieja, que fue la encargada de amenizar la sobremesa cuando los asistentes terminaron de comer.

 


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