“Intentamos seguir tus pasos y el camino que has marcado, pero nos lo has puesto muy difícil”, dijeron Victoria y Alicia, las nietas de Antonio Díaz Carro en el acto organizado esta tarde para hacer entrega oficial del título de Hijo Predilecto. Y es que, siguiendo el proverbio chino que manda plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro, ahora “tendremos que conseguir ser nombrados Hijos Predilectos”.

Primero fue el nombramiento unánime en sesión plenaria el pasado mes de octubre que ha dado paso al acto público para homenajear al último Hijo Predilecto de Bembibre. Un “bembibrense de pro”, destacó el alcalde en la introducción del acto, fundamentalmente por su vínculo con Bembibre y su implicación y aportaciones históricas y culturales.

En 1973 recibió la Insignia de Oro del Ayuntamiento, tiene una calle con su nombre detrás del teatro. Ha ejercido de pregonero de las fiestas del Cristo hasta en cinco ocasiones, y una vez de la Semana Santa. Y tuvo el honor de ser el primer mantenedor del Festival del Botillo, y repitió un año después en la segunda edición, cuando los impulsores no podían ni imaginar que algún día tendría la trascendencia que hoy tiene.

Su amigo Pepe González hizo un repaso por la vida del último Hijo Predilecto, desde que nació en abril de 1937 hasta los tiempos actuales. Sobre todo, evocando el Palacio, donde vivió y se crio, donde “la ruinas del antiguo castillo quizá fueron el marco ideal para despertar su vocación de la Villa del último Templario”.

Unas intervenciones que dieron un carácter emotivo el acto, e incluso así lo reconoció el propio Antonio Díaz Carro quien expresó, que entre todos los reconocimientos que ha recibido, “ninguna tan apreciada como ésta y la de Mayordomo Honorario del Santo Ecce Homo”.

“Me llena de orgullo y me reconforta ser bembibrense, ser berciano, nacido 30 metros más arriba de este consistorio”, dijo mientras miraba y repasaba caras conocidas. “Mi patria es Bembibre y es el Palacio, porque aquí nací y aquí pasé mi infancia y mi primera juventud”, y es lo que evocó, incluidos los olores, los colores y los sabores de aquellos años.

“Necesitamos muchas personas como tú”, expresó Otero. “Eres un hombre conocido, reconocido y querido y quiero trasladarte el agradecimiento de Bembibre y de sus gentes”, añadió, incluso, que “creo, y me atrevo a decir, que eres un Señor de Bembibre”.

 

 

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