Dado lo poquísimo que está lloviendo, no viene mal recordar algunas ideas que ya en alguna ocasión he expuesto en alguno o algunos de mis artículos en torno al problema de la búsqueda de agua subterránea. He de insistir en primer lugar en que esas antiguas y aún muy extendidas creencias, según las cuales el agua subterránea circula como las aguas superficiales, es decir por cauces muy bien definidos, con un recorrido y con un caudal bien concretos; son totalmente equivocadas. Yo expongo en estos artículos de divulgación, lo que investigadores reconocidos a nivel mundial han descubierto, en algunos casos hace ya siglos, que es justamente lo que se enseña en universidades y otros centros de enseñanza e investigación. Si alguien considera pese a todo que son ideas equivocadas; lo que debería hacer es rebatirlas públicamente; ya que cualquier persona que lo lograse se haría mundialmente célebre. Sería asombroso que ideas que se han analizado y puesto a prueba miles, quizá millones de veces en todo el Mundo y que se han empleado en infinidad de trabajos; resulten ser equivocadas. Es como si alguien de pronto descubriese que el área de un triángulo no es el producto de la base por la mitad de su altura.

Puntualizado pues esto indico sin matiz alguno que esas corrientes de las que hablan los zahoríes no existen más que en la imaginación de las gentes; aunque eso si aparentemente pueda dar la impresión de que si las hay. Por otra parte, ya desde el siglo XIX, diversos investigadores (W. Carpenter, M. Cheveul, M. Faraday y otros); han demostrado que esas misteriosas fuerzas que creen sentir los zahoríes actuando sobre sus péndulos, varillas u otros utensilios; no existen aunque hay situaciones en las que se tenga la sensación de que son reales. Es lo que se conoce como el efecto ideomotor; asunto este que son los entendidos en cuestiones de la mente los que mejor pueden explicarlo. El conocido juego de la Tabla Ouija o el Juego de la Copa, son fenómenos que tienen la misma explicación. Quienes participan en estos juegos “sienten” la presencia de unas fuerzas que no son mas que producto de su propia mente y que da la impresión de que son las que mueven las copas, las varillas o los péndulos.

Al abordar la búsqueda de agua bajo el suelo hay que considerar que en zonas muy amplias y ocupando las huecos, poros y fisuras del terreno hay agua que se puede extraer con más o menos facilidad. Hay que considerar también que con la apertura de un pozo, una zanja o una galería en el terreno lo que hacemos es provocar que determinados volúmenes o cantidades de agua que existen en el mismo y a menudo en condiciones de una práctica inmovilidad, se muevan hacia el hueco creado en el terreno dando lugar a la aparición de unas corrientes de agua que antes de hacerse ese hueco no existían.

EL AGUA EN EL SUBSUELO

Por tanto a la hora de buscar agua bajo el suelo hemos de fijarnos en que terrenos puede esta encontrarse y también la profundidad a la que la podemos hallar. Respecto a la primera cuestión es evidente que no queda más remedio que conocer los diferentes tipos de terrenos y su distribución bajo el suelo. Un terreno arenoso por ejemplo; tiene más capacidad para suministrar agua, que uno arcilloso. Son los terrenos porosos (porosidad eficaz); los que más interesan. En general ocurre que en profundidad y también al movernos de una parte a otra hay una alternancia de ambos tipos de terrenos, por ello si hacemos un sondeo a medida que este se hace más profundo las posibilidades de hallar alguna zona porosa, (porosidad eficaz), aumenta y también las posibilidades de hallar agua. En cualquier caso lo que interesa es hallar agua y en grandes cantidades y cerca de la superficie. En el entorno de Bembibre tradicionalmente han existido centenares de pozos de profundidades inferiores a los 10 metros que han servido para el riego y otros husos domésticos (Memoria de la Hoja nº 159 del Mapa Geológico Nacional.1ª edición. Año 1952). En muchos casos lo que se hallaba en estos pequeños pozos era una capa superficial bastante arenosa y bajo ella una arcillosa que era la que hacía se sello o tapón del fondo del pozo. En el entorno de los ríos de la zona en efecto se localiza en muchas partes una capa arenosa con abundantes “piedras de río” y bajo ella una de un “barro” de color rojizo.

No resulta sencillo saber en una zona dada (una finca concreta, por ejemplo) el terreno que hay bajo en suelo a los efectos de buscar agua. Si no disponemos de sondeos no queda más remedio que fijarnos en el terreno de la superficie y a partir de estos datos intentar deducir lo que probablemente podamos hallar en el subsuelo. Por ello voy a tratar ahora otro punto que también es importante: la profundidad a la que podemos hallar agua.

EL NIVEL FREATICO

Tradicionalmente el agua subterránea se ha buscado en la zona de Bembibre a profundidades escasas, (menos de 10 metros) y mediante pozos con un diámetro de más de un metro siempre; de modo que una persona, puede descender hasta su fondo con comodidad. No obstante en los años 50 del pasado siglo ya existían en Bembibre algunos pozos llamados artesianos, que realmente eran sondeos en los que se buscaba el agua a profundidades de 100 metros o más. Bastantes años después también en Castropodame (y supongo que en otros municipios de la zona); se han realizado sondeos profundos para buscar agua que en algún caso han logrado que el agua brote sin necesidad de bombeo a nivel del suelo.

Los pozos tradicionales aprovechan los volúmenes de agua más superficiales. Los sondeos, estas y además las más profundas. Las aguas más superficiales por lo general son las que se hallan en contacto y a continuación del nivel freático; siendo este la superficie límite superior de estos volúmenes de agua. Las aguas más profundas tienen relación con el llamado nivel piezométrico.

Ahora nos vamos a ocupar sólo del nivel freático. El agua se acumula en los poros del subsuelo del mismo modo que se acumula en un estanque lleno de piedras cuando llueve. Es decir la única presión que soporta la superficie del agua es la presión atmosférica. El nivel que alcanza la superficie del agua en estas condiciones es el llamado nivel freático. Es en realidad una superficie. Este nivel se localiza con suma facilidad cuando a escasos metros del borde de un río hacemos un pozo. Este nivel freático es el que sin duda alguna más ha tenido que ver a lo largo de los tiempos con el aprovechamiento de aguas subterráneas; pues los sondeos profundos son relativamente recientes. Cuando excavamos un poco el agua comienza a aparecer en el momento que se alcanza el nivel freático. A veces a menos de un metro de profundidad. El hecho de que sea una superficie explica porqué al hacer un pozo o sobre todo un sondeo al azar aparece agua.

Una de las características más importante de este nivel freático es que guarda una estrecha relación con el relieve; sube y baja a medida que el terreno lo hace, pero de modo suavizado. De este modo se halla más alto bajo las montañas que bajo los valles; pero en estos está mucho más cerca al nivel del suelo. Como es bien sabido las zonas húmedas y las fuentes se suelen encontrar en los valles. Ver figuras adjuntas.

En el entorno de Bembibre son muchos los pueblos (San Pedro Castañero es un típico ejemplo) asentados en las laderas de los montes y rodeados a su vez por sendos valles que surgen a partir de las laderas del monte y descienden hacia el río Boeza. En el ejemplo citado el monte es el del Redondal que se sitúa al Sur y los valles los denominados Vallouro (al Este del pueblo) y el de Villar al Oeste. Turienzo Castañero se halla en una ubicación similar.

Bajo el terreno en el que se asientan estos pueblos hay una superficie que parece un calco de la topografía o el relieve pero atenuado. Esta es la superficie freática que se acerca mucho al suelo en los valles y se aleja mucho de este en los montes; pese a estar en cualquier modo más alta bajo los montes que bajo los valles. Las imágenes (croquis sin escala) son bien elocuentes. Esta superficie en época de sequía queda cada vez más profunda y por el contrario más alta en épocas húmedas de modo que en invierno, en el fondo de los valles aparecen zonas encharcadas literalmente de agua.

A la hora de planificar la ejecución de un pozo o un sondeo es esencial tener en cuenta este sencillo esquema. Si lo hacemos en un valle las posibilidades de hallar agua a menor profundidad son mucho mayores que si el pozo se sitúa en una loma o en una ladera. Claro que el problema no es sólo obtener agua donde se hace el pozo si no llevarla a zonas más altas. Está claro que lo bueno sería tener mapas con la profundidad a la que se halla la superficie freática en todo momento y en cada punto de la superficie; pero para hacer esto no queda más remedio que hacer pozos o sondeos o utilizar medios técnicos más o menos complejos (sondeos de resonancia magnética). El control del nivel de agua en los pozos y la presencia de manantiales nos pueden facilitar alguna información para localizar la superficie freática.

En los gráficos (croquis sin escala); que adjunto aparecen unas flechas que representan la dirección y sentido general del flujo de agua subterránea en el caso tomado como ejemplo (San Pedro Castañero). Es una forma muy esquematizada y simplificada de la realidad; pero totalmente válida como punto de partida. Obsérvese que no hablo de corrientes de agua subterránea pues esto lleva al personal a confusiones. No hay-insisto una vez más- corrientes subterráneas como las de la superficie si no un flujo muy lento y de múltiples partículas de agua; que siguen caminos muy tortuosos hasta llegar a una fuente, un arroyo, un pozo, un sondeo o el río Boeza. Es un flujo difuso a través de grandes volúmenes de terreno. Estos caminos a efectos de cálculo y sólo a estos efectos se pueden representar mediante líneas. El viaje que sigue una diminuta partícula de agua desde que penetra en el terreno hasta que aparece en un pozo o una fuente es muy complicado (prácticamente imposible) de seguir; pero existen técnicas que permiten dibujar de modo simplificado la forma general de la circulación de grandes volúmenes de agua subterránea a través del terreno. De este modo mediante estudios adecuados (y si tenemos datos); es posible calcular los caudales de agua que nos puede suministrar un pozo, un sondeo o una zanja. No obstante este es otro asunto y por cierto bastante complejo. Por ello mejor dejarlo para otros artículos como este.

No obstante no quiero terminar señalando que en la Red hay información muy interesante a este respecto. Lo que más me ha gustado de todo lo que visto son unos apuntes (de uso público) del profesor de la Universidad de Salamanca D. F. Javier Sánchez San Román. Merece la pena leerlos con atención.

Rogelio Meléndez Tercero

 

 

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