Día tras día observamos la previsión meteorológica esperando que por fin lleguen las ansiadas y muy necesarias lluvias; pero hasta el momento ha sido una vana espera. ¿Por qué no llueve?. Intentaremos explicarlo de modo sencillo.

Creo recordar que en aquellas enciclopedias de los tiempos de Franco que estudiábamos en la escuela (nacional) del pueblo se explicaba mediante un dibujo el curso que sigue una gota de agua. Básicamente se decía que el agua se evaporaba en los mares y formaba nubes que luego se movían hasta los continentes, donde las nubes soltaban el agua que caía al suelo y discurría por ríos y arroyos hasta llegar de nuevo al mar. Esto es cierto en una primera aproximación pero nada mas. El ciclo hidrológico visto en detalle es más complicado, pero lo que ahora importa es responder porque llevamos tanto tiempo con muy escasa precipitaciones y con unas temperaturas inusualmente elevadas.

El agua que eventualmente se puede convertir en lluvia se halla disuelta en la atmósfera. Aun cuando no veamos nube alguna (como sucede últimamente a menudo) hay cierta cantidad de agua en la atmósfera. Es ciertamente muy poca pero la hay y está en estado gaseoso como la propia atmósfera.

Cuando se dan determinadas condiciones como son la disminución de la temperatura el agua el agua disuelta en la atmósfera empieza a convertirse en líquida (diminutas gotas) que son simplemente las nubes. El aire caliente es capaz de disolver una cantidad de agua mucho mayor que la de ese mismo aire pero frío. Por ello en verano se forma el rocío. El aire caliente por el día se enfría por la noche y se ve forzado a soltar (licuar) parte del agua que lleva disuelta que se deposita sobre el suelo.

Por otra parte , la atmósfera es un gas pero tiene cierto peso. Así las cosas del mismo modo que cuando nos sumergimos en el agua a medida que descendemos estamos sometidos a mayor presión (más altura de agua por encima);al estar inmersos en la atmósfera tenemos que soportar el peso de esta que lógicamente es menor en lo alto de una montaña que a nivel del mar.

Ahora bien al disminuir la presión atmosférica disminuye la capacidad del aire para disolver el agua que contiene y por ello si disminuye la presión se facilita la aparición de gotitas de gua que son las nubes. Este es el motivo por el que las nubes aparecen con más frecuencia en las zonas altas. Son zonas donde la presión atmosférica es menor. La disminución de la presión atmosférica implica asimismo una disminución de la temperatura. En lo alto de los montes suele hacer más frío que en las partes más bajas.

Es evidente pues que en función de la altitud hay variaciones de presión y temperatura del aire; pero estas variaciones se producen también al movernos a una misma altura de unas zonas a otras. Hay grandes zonas en las que la presión atmosférica es baja (borrascas) y entonces el aire en las mismas tiende a ascender y esto facilita la aparición de nubes primero y de lluvia después. En otras zonas la presión es alta y el aire tiende a descender con lo cual aumenta su capacidad para disolver el vapor de agua y así en las zonas de alta presión (anticiclones) ocurre que las nubes tienden a desaparecer. En estas zonas hay en consecuencia tiempo soleado.

Las zonas de alta presión (anticiclones) facilitan pues la desaparición de las nubes es decir del agua en estado líquido. Estas zonas de alta presión o anticiclones a veces y por razones que al menos yo ignoro se mantienen fijos durante mucho tiempo sobre la Península Ibérica y entonces el aire que hay sobre la misma disuelve el agua (la hace un gas) y elimina las nubes.

Hay que puntualizar que la existencia de nubes es una condición necesaria pero no suficiente para que llueva. Para que llueva las gotas de agua deben ser lo suficientemente grandes o pesadas para que caigan al suelo en vez de quedar suspendidas a cierta altura. Pero en cualquier caso si no hay nubes no puede llover.
Cuando determinados frentes nubosos (masas de agua suspendidas en la atmósfera) llegan a una zona donde la presión es alta lo que sucede es que las nubes se diluyen porque las diminutas gotas de agua pasan de ser líquido a gas.

Lógicamente para provocar la formación de lluvia deberíamos enfriar el aire; pero la tecnología actual no es capaz de lograrlo y este sólo se enfría cuando la propia atmósfera lo hace. A menudo se produce esto porque una corriente de aire fría procedente de latitudes más próximas al Polo Norte lo consigue. Otras veces (en verano) el aire asciende y al ascender se enfría y así se pueden formar las típicas tormentas de verano.

En definitiva que para paliar la sequía deberíamos desplazar los anticiclones pero esto es algo que al menos hoy por hoy no es posible hacer. Por lo que observo en los medios de comunicación (información meteorológica), los expertos en el tema intentan averiguar las características y la posición de los anticiclones en los días sucesivos al de la emisión de la información. Para ello se realizan una serie de cálculos matemáticos pero que tiene una fiabilidad limitada (aunque no conozco que tipos de cálculos se hacen); porque seguramente siempre deben aparecer elementos inesperados o quizá es que hay ciertas características de la atmósfera que son difíciles de medir.

En cualquier caso el asunto es que mientras que en la previsión meteorológica veamos el anticiclón sobre la Península Ibérica debemos saber que es una mala señal; si estamos a la espera de las ansiadas lluvias. Así las cosas un punto clave para hacer previsiones meteorológicas correctas sería conocer como se van a desplazar o como se van a formar y desaparecer las zonas de borrasca (baja presión) y las de alta presión (anticiclones). No obstante sobre este punto concreto yo no tengo la menor idea. Supongo eso si como he dicho que los meteorólogos algo deben saber al respecto.

Acompaño a este texto un gráfico alusivo a este tema procedente de uno de mis viejos libros de bachillerato de los años 70 del siglo pasado (“Ciencias Naturales” de P. Legorburu Igartua y G. Barrutia Larrañaga).

Rogelio Meléndez Tercero

 

 

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