Uno de los comentarios mas habituales en la minería del carbón (y sin duda en otros muchos casos), era el referente al aspecto del terreno. Lo que normalmente entendemos por un terreno descompuesto era en la mina un problema ya que en este tipo de terreno es poco apto y además peligroso el mantenimiento de las galerías. Los barrenistas prestaban mucha atención a este detalle y lo primero que hacían era “sanear el corte”, es decir tratar de asegurarse de que no quedaban fragmentos de roca que con facilidad se pudiesen desprender y caer donde no debieran. Por todo ello solía ser habitual preguntar al vigilante o encargado de turno por el estado o el aspecto de los frentes de explotación. En estos casos la respuesta podía variar desde muy mal, mal, regular, bien o muy bien. En cualquier caso estas expresiones y aunque no lo parezca son siempre ambiguas o imprecisas. Es poco menos que hablar por hablar.

Si observamos un macizo rocoso que está lleno de discontinuidades es decir de lo que habitualmente llamamos roturas (“lisos”) y que da la sensación de que se va a desmoronar en cualquier momento, denominamos a este terreno como descompuesto. Un terreno de este tipo es malo para realizar una labor minera, pero puede ser muy bueno para realizar en el mismo una excavación, pues la maquinaria no sufrirá tanto desgaste como en un terreno formado por rocas muy compactas. En casos extremos el único modo de hacer algún tipo de excavación es recurrir al empleo de explosivos.

De todos modos los comentarios aludidos nunca se hacían de modo cuantitativo es decir mediante un número concreto. A nadie se le ocurría decir por ¿cuál es el número concreto o el índice de calidad del frente de una galería concreta?. No se le ocurría a nadie, entre otras varias razones, porque en las labores mineras no resultaba muy práctico realizar una evaluación numérica concreta de la calidad del terreno o también por otras circunstancias que no viene al caso citar. Así lo que únicamente se hacía era observar a simple vista el aspecto del terreno y sin realizar ningún tipo de comprobación y sin hacer ni siquiera una foto, se emitía un juicio sobre la calidad del terreno a efectos mineros.

Esta costumbre sin embargo puede resultar inadmisible en ciertas tareas. Supongamos que se quiere hacer un túnel de varios kilómetros o se quiere realizar una cimentación para una presa de un embalse o para una central nuclear. En estos casos no se admitiría que el ingeniero, geólogo o responsable de turno dijesen sin mas que nos hallamos ante un buen o mal terreno. Sería una respuesta tan absurda como si al preguntarle a un agrimensor por la superficie concreta de una finca se limita a decir que es grande, pequeña ó mediana y punto.

MIDIENDO LA CALIDAD DE LAS ROCAS

Desde los años 70 del siglo pasado (quizá desde antes) se vienen utilizando unos métodos que a partir de medidas concretas expresadas con números y mediante un procedimiento más o menos laborioso permiten clasificar geomecánicamente las rocas. Eso de decir que nos hallamos ante un terreno malo, bueno o regular no es admisible. Es hablar por hablar.

La clasificación correcta de una roca desde el punto de vista geomecánico supone que tras la toma de medidas (siempre datos numéricos concretos), se le asigna un valor que hay que calcular. Hay varios modos de hacer este tipo de valoración. Uno de los mas antiguos es el empleo de la clasificación geomecánica RMR. Cuando el valor numérico o índice de calidad calculado oscila entre 81 y 100 se dice que el afloramiento rocoso es de muy buena calidad. En este caso su cohesión es tal que soporta una presión de hasta 4 kg. por centímetro cuadrado. Si el índice oscila entre 61 y 80 se dice que nos hallamos ante rocas de buena calidad. En este caso el esfuerzo que es capaz de aguantar oscila entre 3 y 4 kg. por centímetro cuadrado de presión. Si el índice oscila entre 41 y 60 la roca es calidad media ( presión de 2-3Kg.por centímetro cuadrado) ,…y así podemos seguir hasta que cuando el índice es menor de 20 se dice que la roca es muy mala. Aguanta una presión como máximo de 1 kg. por centímetro cuadrado.

Hay varios modos mas de calcular el índice de calidad geomecánica de las rocas, pero lo importante y lo que esencialmente quiero mostrar es que para hablar con propiedad de como es nuestro Mundo (sea la extensión de un terreno, el volumen de un pantano, la temperatura de una caldera,…), debemos acudir siempre a expresiones numéricas y que además se aproximen a la realidad cuanto mas mejor. La aproximación por muy grande que sea siempre se podrá mejorar (esto ocurre incluso al medir una finca), pero a menudo basta con una aproximación suficiente. Claro que aquí entramos en otro dilema y es saber lo que es suficiente. En el caso de una finca de más de 5000 metros cuadrados por ejemplo una aproximación de más o menos un metro es sin duda una precisión mas que suficiente. Sin embargo si nos dicen que un terreno tiene 5000 metros cuadrados más ó menos unos 50 quizá ya estemos entrando en terrenos confusos. Hay veces que es difícil saber la verdad aún cuando estemos hablando siempre en términos numéricos.

Inserto una imagen tomada de la Red de un tal Nicolás García (PICURRIELLU). Por lo que parece debe ser un individuo muy vinculado a Mieres y por ello se debe dedicar a divulgar imágenes de Asturias y del carbón. Entre ellas está de una pareja de barrenistas en plena faena. El terreno de la fotografía aparentemente es digamos “un terreno sano”, pero para hablar con propiedad habría que calcular el índice de calidad geomecánica de ese terreno. Otro tema es que, como en tantas otras ocasiones “valga mas el collar que el perro” y que por razones que no viene al caso considerar no proceda, en este caso, hacer estudios ni cálculos precisos para determinar matemáticamente ese numerito que nos facilita el índice de calidad buscado.

Rogelio Meléndez Tercero

 

 

 

 

 

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