Uno de los aspectos más positivos de la minería del carbón de nuestra tierra es que precisaba mucha mano de obra. Había picadores, barrenistas, ayudantes, maquinistas, electricistas, mecánicos, ingenieros, topógrafos, geólogos,… y cada cual en su campo pueden contar sus experiencias. Yo hablaré de lo que toca es decir la topografía y la geología; pues aunque conozco bastante bien lo que suponía el trabajo cotidiano en otros ámbitos, es a lo que básicamente (no únicamente) me dediqué.

Cualquiera que haya conocido una mina sabe que sin topografía era imposible hacer labor alguna o mejor dicho era trabajar a ciegas. Cuando se trabaja a ciegas no cabe esperar resultados positivos, pues aún abriendo mucho los ojos, midiendo, pensando y calculando, se cosechaban a veces sonados fracasos. La topografía como sabe cualquier persona era la labor cuya finalidad era disponer de planos de la mina lo más correctos posible. Era como normalmente se decía medir la mina.

Sin una topografía correcta era imposible hacer labores geológicas. Los planos de la mina nos pueden servir para indicar la dirección y pendiente de las capas, las potencias entre las mismas, la estructura geológica de la mina e incluso en ciertos casos las fallas. La labor geológica propiamente dicha y al menos en lo que yo conocí se empleaba básicamente para dos tareas muy concretas. Una era determinar las capas de la mina e identificarlas correctamente. Para ello era imprescindible conocer con el mayor rigor posible la secuencia estratigráfica. Esto supone saber no sólo el número concreto de capas y sus posiciones respectivas si no también todo lo demás que hay, entre ellas;es decir carboneros, niveles de pizarra y niveles de arenisca y cualquier otro tipo de terreno o capa que aún no siendo carbón sirviese para localizar una capa. A veces una determinada capa estaba acompañada de algún o algunos carboneros que por ello se solían llamar carboneros guía.

El gran problema es que la secuencia de capas (carbón, pizarra, arenisca, conglomerados,..) variaba continuamente de modo más o menos gradual y dependiendo de cada mina. Es decir, podía darse el caso de que en un transversal entre dos capas concretas bien reconocidas, hubiese tres carboneros por ejemplo y en otro relativamente próximo ya sólo uno. Para sortear este serio problema la mejor solución era reconocer con detalle y con calma todos los transversales y de este modo las posibilidades de conocer las variaciones citadas con mejor detalle aumentaban. Personalmente y después de trabajar muchos años en estas tareas, entiendo que la mejor guía era trabajar siempre con potencias reales entre capas o carboneros. Hay que considerar que en distancias cortas e incluso en distancias más o menos grandes (más de 1 Km por ejemplo), las potencias reales entre dos capas dadas se mantenían prácticamente (aunque no exactamente) constantes. Otra cuestión que era preciso tener en cuenta es que una misma capa puede cambiar mucho de aspecto y viceversa dos capas distintas pueden a veces presentar aspectos similares.

Conozco un célebre caso y perfectamente documentado, de cierta mina en la que se decía que había dos capas que durante muchos años recibieron nombres distintos. Cierto día un geólogo (yo no fui) tras hacer un análisis en base a las potencias reales, sugirió que esas dos capas tan distintas eran en realidad la misma. Yo analicé el caso y me pareció que en efecto así era pero otros técnicos (no geólogos) no lo tenían tan claro. Uno de ellos incluso dijo que no podían ser la misma capa, porque se parecían lo mismo que Claudia Schiffer y Naomi Campbell;…pero pasaron algunos meses y cuando las labores de “una y otra capa” se fueron aproximando hasta tocarse se comprobó, con disgusto lógicamente, que donde se pensaba que había dos capas no había mas que una. Imagino que muchas historias similares habrán ocurrido en mas minas y un análisis detallado de planos de labores lo pondría de manifiesto.

Otra labor de la geología consistía en determinar la estructura geológica. Pondré otro ejemplo. En cierta mina ya en los años 80 ó quizá antes las labores antiguas habían puesto de manifiesto que había un anticlinal (lo opuesto a un “fondo de barco”) aunque muy grande y con pendientes muy suaves. En la parte norte de ese anticlinal las capas buzaban al norte y en la parte opuesta al sur. En medio había lo que se llama “la cresta” o mas propiamente la charnela de ese anticlinal. Durante años las capas se explotaron en la parte norte pero llegó un momento en que al ir subiendo de cota se llegó a detectar la que parecía era la cumbre o charnela de ese anticlinal. En consecuencia se proyectaron una serie de labores cuya parte más alta se habría de situar en esa cumbre. Todo parecía correcto.

Sin embargo hubo un mínimo detalle que no se tuvo en cuenta: las charnelas de los anticlinales a menudo ascienden o descienden de cota. En esta caso las labores proyectadas habrían de avanzar al Este y era justamente hacia el Este hacia donde se iba produciendo un leve, pero evidente descenso en cota de la charnela o cresta de ese anticlinal. Esto ya se podía haber visto hace muchos años y por supuesto mucho tiempo antes de proyectar esas labores (que yo conocí) y que debían avanzar ( y avanzaron) hacia el Este. Con el paso de los meses poco a poco se hizo evidente que los sucesivos talleres (“ramplas”) proyectados y explotados se iban acortando a medida que se topaban con la cretas o charnela de ese anticlinal. Cierto día una de los facultativos al comprobar lo que cada vez era mas evidente que ocurría, me dijo que ese anticlinal o mejor dicho su cresta descendente hacia el Este “nos destrozaba la mina”; ya que al hacer la planificación a varios años vista no se tuvo en cuenta ese detalle, que sin embargo ya se podría haber visto o al menos sospechado muy seriamente si se hubiesen tenido en cuenta los antiguos planos de labores y la información geológica que a veces facilitan.

La estructura geológica como bien dijo el facultativo era la “culpable” del paulatino descenso de la longitud de los talleres y de la pérdida de producción. En realidad el culpable sería el que en su momento no se fijó en la estructura geológica. Aclaro eso si que a mi nadie me consultó como habrían de planificarse a varios años vista las labores. Era esta una decisión que había sido tomada (no se por quien) por lo que parece varios años antes de que yo llegase a la mina. Conozco algunas historias más similares pero ahora con lo dicho entiendo que es suficiente.

Adjunto una imagen de un transversal en el que se iba reflejando la geología (estratigrafía) para tener una idea no sólo de las capas y carboneros si no de lo que había en medio. Los datos reflejados en este gráfico si hubiese continuado la explotación minera del carbón podrían ser muy útiles hoy en día, pero en la coyuntura actual sólo pueden ser útiles para realizar una historia de la minería.

Rogelio Meléndez Tercero

 

 

 

 

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