Pocas realidades de nuestro mundo son tan sencillas de entender como lo que es un día. Es el período de tiempo que transcurre entre dos amaneceres o dos ocasos del Sol consecutivos. Dejando pues a un lado el tema de que a lo largo del año las horas de luz y de oscuridad varían; en lo que si hubo desde hace siglos un consenso general era que el día completo (día y su noche) duraban siempre lo mismo y que eran 24 horas.

Sin embargo a mitad del siglo XVIII se descubrió que entre dos ortos u ocasos del Sol y lo mismo entre dos pasos consecutivos del Sol por la vertical de un lugar; no transcurre siempre el mismo tiempo. En definitiva que los días completos no son siempre iguales. Esto era un serio problema que se solventó utilizando como medida del tiempo, no el Sol real, si no otro ficticio pero que tiene un movimiento rigurosamente uniforme.

Utilizando pues un sol que tenga un movimiento rigurosamente uniforme; resulta que entre dos pasos consecutivos del Sol por el meridiano o por la vertical de un lugar dado (el mediodía solar verdadero) prácticamente nunca transcurren 24 horas de las que señalan nuestros relojes, ya que estos miden lógicamente un tiempo que ha de transcurrir de modo rigurosamente uniforme. Claro que se trata de una diferencia ridícula. 24 horas son exactamente 86.400 segundos de los que señalan nuestro relojes y en algún caso el día solar difiere de esta cantidad en unos 30 segundos, como máximo. Por tanto hay que distinguir entre un día solar verdadero y un día solar medio. Este último tiene la característica de que su duración es siempre la misma, es decir los 86.400 segundos precitados. Segundos lógicamente expresados en tiempo solar medio que es el que contabilizan nuestros relojes. Es evidente que un segundo en tiempo solar medio no es lo mismo que un segundo en tiempo solar.

Por ello si al hablar de la salida o la puesta del sol ó el paso de este por la vertical de un lugar dado (el mediodía) en vez de referirnos al Sol real; nos referimos a otro ficticio (llamado sol medio) que al contrario que el verdadero tiene un movimiento rigurosamente uniforme y de tal modo que justamente cada 24 horas pasa por la vertical de un lugar dado; no hay duda alguna. Un día son exactamente 24 horas es decir 86.400 segundos del llamado tiempo solar medio. En la vida cotidiana y desde hace muchos años al hablar del paso o la medida del tiempo; nos referimos a tiempo solar medio, insisto una vez mas. Aquí se acabaría toda discusión,….pero siempre se le pueden buscar “tres pies al gato”.

LA VUELTA AL MUNDO

Todo lo dicho es correcto si nos referimos a medidas o al paso del tiempo para un observador fijo en un punto de superficie terrestre. En el meridiano de Londres por ejemplo. Pero si el observador se empieza a mover podrá comprobar como entre dos pasos consecutivos del sol medio por la vertical del punto donde se halle viajando; NO transcurren exactamente 86.400 segundos. Si se mueva hacia el Este transcurrirán MENOS y si se mueve hacia el Oeste MAS. De este modo es posible ganar o perder un día en un viaje alrededor del Mundo.

Este asunto se trató en una célebre y muy conocida novela de Julio Verne titulada “La Vuelta al Mundo en 80 días” y el estudio de la cuestión; aún hoy día puede servir para animados y entretenidos debates. La clave de todo esto estriba en que la equivalencia exacta entre los 86.400 segundos de tiempo solar medio y la duración de un día ;sólo es tal cuando la medida o el paso del tiempo transcurre cuando el medidor esté fijo en un meridiano terrestre. De lo contrario entre dos mediodías solares medios no transcurren exactamente 86.400 segundos. Por tanto surge la discusión de que entendemos por día; pues en esta situación (viajando al Este o al Oeste);no se cumple que un día son 86.400 segundos y ello podría servir de excusa para discutir si es cierto o no que se gana o pierde un día en ese viaja alrededor del Mundo, tal y como se expone en la célebre novela de J.Verne. Aquí está la cuestión que puede dar lugar a curiosos debates, en los que en algunas ocasiones yo he participado. Adjunto una imagen tomada de la Red con la portada de la célebre novela de J. Verne. Por lo que veo procede de alguna de las librerías del Corte Inglés. No obstante es un libro de fácil hallazgo en múltiples bibliotecas y librerías.

Rogelio Meléndez Tercero

 

 

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.