El número 19 de la revista La Curuja rinde homenaje al escritor Fermín López Costero, fallecido el pasado 15 de febrero, quien también fuera colaborador de la publicación que dirige Manuel Cuenya. Un número más que, además, precede el Encuentro Literario de Noceda del Bierzo.

El escritor, que ha estado en varias ocasiones en Noceda del Bierzo, no estará en persona pero sí lo hará a través de las palabras en el que será ya el Noveno Encuentro Literario previsto para el viernes 10 de agosto a las 19.30 horas en la casa de la cultura de Noceda, situada en el barrio de San Pedro, al lado de la iglesia parroquial y el restaurante Las Fontaninas. 

Está a punto de ver la luz en papel el próximo número de esta revista, que ya está maquetada y lista en pdf. Estas son las palabras de su autor, Manuel Cuenya.

He aquí la portada (dedicada con cariño a Fermín) y algunos contenidos en los que también él es el protagonista, con su sobrecogedor poema Alas, incluido en su poemario La fatalidad. O bien con las palabras que le dedica el Premio Nacional de poesía Juan Carlos Mestre, Fermín se va con las sirenas, y aun con las que le obsequian las poetas bercianas Pilar Blanco (bembibrense afincada en Alicante) y Carmen Busmayor, quien además organiza cada año, a principios de agosto, el Encuentro poético en el hayedo de Busmayor (de donde ella es originaria, tomando el topónimo como su apellido artístico, algo que le sugiriera el maestro Pereira, que en gloria esté), y donde se halla la piedra de los poetas, un encuentro al que Fermín y uno mismo asistiéramos en más de una ocasión.

También el periodista y escritor hispano-argentino (o argentino-español) Eduardo Keudell, colega y amigo de otras tantas batallas, hace alusión a Fermín en su texto titulado Emoción de censura, en el que nos habla, de un modo filosófico, acerca del valle de Noceda.  

Como editor y responsable de La Curuja, he querido dedicarle este número, el 19 de esta segunda época, y también un artículo a nuestro querido amigo, el escritor cacabelense López Costero, a quien me unía una gran amistad, de años. Y con compartí vivencias y encuentros varios. 

Asimismo, he querido mencionar a otra persona de Noceda, Emilio Relojero, quien fuera amigo de mi padre, el cual fue uno de los muchos emigrantes que ha dado el útero de Gistredo por el mundo adelante. Emilio era además hijo de María La Cica, una señora que llegó al siglo, y el tío de un gran amigo, de toda la vida, José Manuel Bello. A propósito de personas longevas en Noceda, en este número aparecen, fotos incluidas, los más mayores de la tribu. 

En estas páginas también podemos encontrar un texto viajero de Pablo Arias, nuestro vecino, paisano y miembro del Colectivo Cultural La Iguiada. Una excursión de infancia/juventud al mítico pueblo de Urdiales de Colinas, que tanto nos gustaba visitar siendo unos rapacines, un recuerdo a la Semana Santa de otrora en Noceda, escrito por Sina de Paz. Y un artículo enjundioso acerca del Ídolo de Noceda cuya autora es la periodista Vanessa Silván. 

Espero que la disfrutéis. Y mi gratitud para todos los colaboradores. 

 

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