En 1974 un joven Steven Spielberg estrenó el que fue su primer largometraje para la gran pantalla, Loca Evasión, que lo llevaría a competir en Cannes con tan solo 28 años. Un año más tarde, en el 75, vio la luz una de sus obras más conocidas en todo el mundo: Tiburón. Con una recaudación de 470 millones de dólares en todo el mundo, aquel joven que llegó al mundo del cine con muchas ideas pero poca experiencia había sentado las bases de lo que acabaría por convertirse en todo un icono del mundo audiovisual. Desde entonces, Spielberg no ha parado de trabajar, llevando a sus cientos de miles de fans hasta lugares que solo el cine puede recrear. De momento.

La última cinta del director, nada menos que la trigésimo segunda de su filmografía, nos traslada a un futuro poco halagüeño para los habitantes de la Tierra. Ready Player One se ambienta en pleno año 2045, el planeta Tierra se ha convertido (o lo han convertido) en una fuente de problemas para una sociedad cada vez más disfuncional. Las fuentes de energía están casi agotadas y la población mundial subsiste como puede. Ante este panorama, son muchos los que buscan un momento de evasión en los videojuegos, en concreto en uno de ellos: Oasis. Este juego de realidad virtual permite un sinfín de posibilidades imposibles de alcanzar en la vida real, lo que provoca que los ciudadanos pasen más tiempo jugando que en este universo virtual que en la propia realidad. Tras la muerte del creador de Oasis, se revela que el multimillonario y excéntrico programador ha dejado una serie de pistas a lo largo de todo el universo virtual para alcanzar un tesoro: un huevo de pascua. Quien lo descubra primero se convertirá en el heredero de su fortuna y en el nuevo dirigente de su empresa. Así es como comienza una lucha encarnecida entre Wade Watts, un adolescente que consigue descifrar una de las pistas cinco años después de la muerte del creador de Oasis, y el resto de los jugadores.

Con este argumento, basado en la novela de Ernest Cline escrita en el 2011, Spielberg nos vuelve a trasladar a una realidad que parece muy lejana sobre el celuloide pero que no lo está tanto en la realidad. Hasta hace unos años pensar en las posibilidades de la realidad virtual no era más que un sueño, tan solo la idea de grandes genios de la ciencia y la informática que todavía no podía ser llevada a la práctica. Algo similar ocurría con cualquier objeto o producto tecnológico que podamos imaginar: desde los teléfonos móviles, pasando por los robots y las monedas virtuales hasta llegar hasta la existencia de las conocidas como IA. Sin embargo, el tiempo nos ha enseñado que todo lo que en su día parecía imposible, se acaba materializando como real: los móviles se han convertido en una herramienta que no solo permite realizar llamadas o escribir mensajes de texto, sino que presentan casi las mismas prestaciones que un ordenador en miniatura; los robots son ya una realidad, llegando incluso a presentarse a cargos públicos frente a seres humanos; las divisas electrónicas han ido ganando cada más popularidad y hoy en día podemos encontrar criptomonedas en casi todos los sectores de la sociedad, desde el de la salud hasta el del entretenimiento; y las Inteligencias Artificiales ya han ganado en más de una ocasión al ser humano en un enfrentamiento directo.

Y es que nadie puede negar que gran parte de la filmografía de Spielberg se sustenta en futuribles que no parecen tan lejanos y que siempre llevan consigo un mensaje velado de cautela y autocrítica para todos aquellos que quieran (y puedan) verlo. Lo vimos en Jurassic Park, y más tarde en Inteligencia Artificial o Minority Report. En todas ellas el ser humano se vale de la tecnología hasta crear una sociedad completamente dependiente de ella y que finalmente se acabará volviendo en su contra. En Jurassic Park este mensaje de la tecnología como motor de una sociedad no es tan evidente como los propios problemas que se pueden derivar de un empleo irracional y peligroso de la misma. Y si no que se lo digan a los trabajadores de aquel innovador parque de clonación de dinosaurios que terminaron perdiendo la vida a manos (o mejor dicho, a dientes) de las codiciadas criaturas de John Hammond. En Inteligencia Artificial los seres humanos crean robots que suplen, como ocurre en el caso de los protagonistas, las propias carencias personales. El problema llega cuando esas IA programadas con el único objetivo de satisfacer las necesidades humanas terminan por desarrollar una comprensión emocional muy superior a lo que se espera de ellas. Ahí llega el momento en el que queda patente la hipocresía del ser humano al abandonar a sus propias creaciones por ser más complejas de lo que pueden comprender.

Pero sin duda, la cinta que más puede hacernos reflexionar es Minority Report. Ambientada en el año 2054 en Estados Unidos, la película nos presenta un escenario en el que la tecnología sirve para detectar a los asesinos antes de que éstos cometan un crimen. De esta forma, y todavía bajo la condición de inocentes, son detenidos y privados de su libertad. Todo se complica cuando esta tecnología comete un error y personas inocentes son juzgadas por crímenes que no han cometido, y que no cometerán.

Con Ready Player One, Steven Spielberg vuelve a hacernos pensar de una manera sutil sobre los peligros de la tecnología y su empleo excesivo, situando la trama narrativa en un futuro que pronto será una realidad. Porque esa es la magia del veterano director, hacernos soñar con universos que hace tiempo que dejaron de ser simples fantasías.

 

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