Loli Prieto

Rebeldía indómita

Es berciana por los cuatro costados, de sangre jienense, como gusta remarcar, no en vano de aquellos andaluces de Jaén, aceituneros altivos, que nombrara Miguel Hernández, lleva Loli Prieto la rebeldía frente a cualquier tipo de opresión. Rebeldía indómita, que, aunque las circunstancias y el territorio de hoy no sean los mismos que cantó el poeta de Orihuela, mantiene, igualmente, en su ADN esta poeta berciana. Tal vez sea esa herencia, o tal vez su propia condición de mujer libertaria, lo que ha tatuado a sangre y fuego en su naturaleza la cualidad intrínseca de rebelde indómita. Instintiva, sensible, carnal y salvaje, son aditamentos añadidos a la personalidad humanista de Loli. Comprometida, siempre, con las causas justas y utópicas. Siente preferencia por aquellos, que, en momentos de vulnerabilidad, percibe amenazados por otros, y es entonces cuando hace aflorar su predisposición a la rebelión contra la injusticia. Mira al horizonte y no ve obstáculos que le frenen a recorrer cualquiera de los caminos que se abran ante ella. El mundo es un lugar que le pertenece tanto como a cualquiera que intente afirmar lo mismo. Su carisma no reside en lo que relata sobre quién es, o lo que quiere de la vida, sino en los hechos, que hablan por sí mismos de la seguridad con la que logra conquistar sus tierras prometidas. La manera en la que, esta profesora por convicción, concibe el mundo, excluye cualquier tipo de autoridad que se crea con derecho a decidir por y para ella cualquiera de las cosas que le conciernen. Poeta que escribe poesía con el impulso natural que surge del fondo de su alma volcánica. Ríos de lava clara surgen y bajan, ordenadamente, por la ladera de la razón sencilla y aplastante, con un discurso lapidario que declara que, para la poeta, aunque exista otra verdad, no le interesa lo más mínimo. Su verdad es la que prevalece, porque su verdad es la de la equidad y la igualdad del ser humano, libre e independiente. Loli suele tener siempre las cosas claras, o no, suele pensar ordenadamente, o no, pero lo que es rigurosamente seguro es que nadie, nadie, debe atreverse a darle directrices sobre el papel que le corresponde representar en la obra de la vida. Nada condescendiente con la torpeza mental, detesta los alardes de falsa grandeza, los comentarios triviales y las miradas por encima del hombro. Amante de la Naturaleza, a la que venera como una fuerza que puede no llegar a comprender, aunque sienta que nace de su propio seno, lo que implica que, para ella, la fuerza es su propia divinidad. Loli, ¿quién, quién levantó los olivos?

 

 

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