Don Nicolás Benavides Moro fue un general franquista que nació en La Bañeza en 1883 y murió, ochenta y dos años después, en Madrid.

Don Nicolás, o sea, el general Benavides se dedicaba, naturalmente, a su oficio de general: fundar el Servicio Histórico Militar y, en sus ratos libres, escribir versos, cosa que no está reñida con el generalato. Eran, como dijo algún crítico, versos de estilo ingenuo, pero culto y publicó, que yo sepa, POR MIS TIERRAS DE LEON, en mil novecientos veintiséis y MOMENTOS y LUZ. En aquellos momentos era fácil, para un general, publicar.

De uno de sus libros, recojo este romance: “Dos mozos, uno de Huergas / y otro de Soto, trabajan / en sus respectivas tierras / a las que solo separa / la carretera del Órbigo / de Veguellina llamada /. Están moviendo los dos / unos cuadros de patatas / y se miran de reojo / cuando las cabezas alzan…//”.

Don Nicolás, en mil novecientos treinta y seis era coronel -ascendió a general en mil novecientos cuarenta y cuatro- y tuvo que refugiarse, al inicio de la guerra, en casa de tío Vicente, que era, como queda dicho, de La Bañeza y allí pasó tres años en un sinvivir cuotidiano y, seguramente, aunque eran años de penuria y privaciones, degustó las empanadillas de mi tía Eugenia . Yo no sé si tita Eugenia cocinaba bien o no cocinaba bien, pero papá decía que era una maravilla.

-Te aseguro, Nina -trataba de convencer a mamá- que Eugenia prepara unas empanadillas buenísimas. No tienen nada que envidiar a las que haces tú y, además, están menos engrasadas.

Mamá movía dubitativamente la cabeza y nunca admitió la comparación.

Antes, en las fiestas, junto con los embutidos o el jamón aparecían, doradas y crujientes, las empanadillas, rellenas de atún, por ejemplo. (Recuerdo un doce de Octubre, en Toral, en la década de los cuarenta o principios de los años cincuenta que Tomasito, hijo del Guardia Civil Isaac, nos llevó a la Fiesta del Pilar, al cuartel, cerca de Cosmos y su madre nos ofreció empanadillas para merendar. Solo empanadillas, muchas empanadillas . Ahí casi concluyó mi relación con las empanadillas. También recuerdo las empanadillas de tía Eugenia, cuando me invitó a su casa en mil novecientos setenta y dos. Yo hacía un cursillo de banca en Madrid y, en los últimos días, los pasé en su casa con mis primos. Dormía en una litera y, durante el día asistía a las clases).

Un sábado Eugenia me dijo que iba a preparar las empanadillas que tanto le gustaban a papá.

empanadillas-Y no solamente a tu padre, sino también a don Nicolás, o sea, al general Benavides, que las probó durante la guerra, porque ya sabes que el general Benavides estuvo oculto aquí, en nuestra casa, cuando estalló el Movimiento.

Hizo una pausa

-Mira, Toñito, son muy fáciles de preparar. Un plato de aceitunas verdes, sin hueso y otro de aceitunas negras, también sin hueso. Y anchoas. Las fileteas finamente. Mezclas todo y haces una especie de pasta con ellas, aplastándolas con un tenedor. Y las reservas. Por otro lado compras cebolletas. Las limpias y deshechas la parte blanca para hacer un caldo de verdura. Picas las cabezas y las sofríes hasta que estén doraditas y también las reservas. A continuación, envuelves la masa hecha con aceitunas y anchoas y la fríes hasta que estén doradas. Y ya está

Puedo asegurar que, aquel día me reconcilié con las empanadillas que me ofreció la madre de Tomás, el guardia, gracias a las empanadillas de tita Eugenia.

 

 

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