Uno, que es lector empedernido de cualquier tipo de libros, a veces se encuentra con recetas como la que da título a esta entrega: sopa de cebolla de los canónigos y tiene una duda: ¿es la sopa de cebolla, la preferida de los canónigos?, ¿se prepara este tipo de sopa con cebollas cultivadas por los canónigos en sus jardines sombríos, cerca de los claustros?. No lo sé. Lo único que sé es que los canónigos son los asesores de los obispos y tienen que ser graduados en Derecho Canónico.

Naturalmente, como en todos los sistemas orgánicos, hay clases: deanes, tesoreros, archiveros, prefectos de ceremonias, lectorales, magistrales, penitenciarios -que tenían reservado el derecho a perdonar cierto tipo de pecados- o sochantres a cuyo cargo estaba el canto. Los canónigos de Astorga que yo conocí, lucían un cordoncillo morado en la botonadura de la sotana y llevaban una hebilla de plata en los zapatos y en eso se les distinguía del resto de los curas y desayunaban chocolate con picatostes o, al menos eso se comentaba. (En Lugo, entre la Puerta de Santiago, por la que se accede a la catedral y la Puerta Miñana o Puerta de las Furcias, hay un paseo que bordea los lienzos de la muralla, con acacias en donde tomaban el sol y leían el breviario los canónigos o se espulgaban al sol las putas).

Tengo que añadir para mis lectores que el canónigo más famoso del que tengo noticia es don Fermín de Pas, magistral de la catedral de vetusta que pasa de confesor a enamorado de Ana Ozores, conservadora y beata. Ambos son personajes de LA REGENTA, novela escrita por Leopoldo Alas “Clarín”, una de cuyas nietas casó con un Moyano Burgueño de Cacabelos.

Y, llegados a este punto, degustemos la sopa de cebolla de los canónigos , cortemos la cebolla en trozos pequeñitos y en una cacerola con mantequilla, la freímos y retiramos antes de que tome color. Añadimos leche y sazonamos dejando cocer a fuego lento durante una hora.

Después, en un recipiente hondo colocaremos unas rebanadas de pan tostado y, encima, espolvorearemos queso hasta cubrir el pan y, de nuevo, queso. Finalmente verteremos por encima, la leche con la cebolla, meteremos al horno durante unos diez minutos y serviremos en el mismo recipiente.

Dice Ana María Calera que no suele presentarse dorada y si la queremos así, pondremos la leche antes que el pan y el queso y ¡ a comer…¡'.

 

 

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