E próximo lunes, día 20 de marzo, tendrá lugar la presentación de la pieza del mes de marzo en el museo Alto Bierzo de Bembibre. Una talla de San Antonio de Padua, de Albares de la Ribera, que data del siglo XVII. El acto tendrá lugar a las 19 horas.

En esta ocasión el museo ha querido dar a conocer al público una pieza relacionada con la religiosidad popular del Antiguo Régimen. Se trata de escultura de bulto redondo, que conserva pigmentos de la antigua policromía y que representa a San Antonio de Padua con el niño Jesús (en la mano izquierda). La talla que se encontraba en el interior de una caja devocional es de madera de nogal y posee unas medidas de 17,5 x 7 x 5 cm. Desde el punto de vista estilístico e iconográfico se circunscribe al s. XVII.

La hornacina, de escasas dimensiones (31 x 12,5 x 6 cm) y decoración muy simple, se corona con un arco de medio punto. En la base de la misma se aprecia una pequeña perforación para engastar la sacra efigie en un astil. De lo que se infiere que la imagen es la parte superior del cetro del mayordomo de la cofradía de San Antonio de Padua. Por su condición de emblema parlante de la hermandad debía asistir a los actos ceremoniales y a las procesiones de la feligresía.

La pieza procede de Albares de la Ribera y fue donada al museo Alto Bierzo en el 2005 por el bembibrense, Eduardo Paulo Días. Y debido al avanzado estado de deterioro que presentaba (en las extremidades, el rostro, los pliegues del hábito, el cordón…), se optó por trasladarla al año siguiente a Astorga para su restauración en el Taller de Conservación y Restauración de Obras de Arte y Bienes Muebles “Proceso Arte 8 C.B.”.

El culto a este santo protector en la otrora villa abacial se retrotrae al s. XVI y tiene su génesis en el pleito que enfrenta a las parroquias de Santa Marina de Torre y de Albares de la Ribera, por los diezmos de las herrerías construidas a orillas del río Tremor. Lo que llevó en 1591 al cura de esta última localidad, Andrés de Albares, a zanjar la cuestión erigiendo una ermita en el terreno en litigio, bajo la advocación de San Antonio de Padua. Un oratorio de planta rectangular que el ingeniero militar francés, Carlos Lemaur, reproduce en un plano del año 1771. Y en cuya cabecera se hallaba un retablo del s. XVII, adquirido por la cofradía homónima en 200 reales de vellón, al vecino de Albares, Pedro Álvarez.

En el interior se veneraba a San Antonio de Padua y Santa Lucía, festejándose su onomástica “con una misa cantada en su ermita, el día de Sn. Antonio, trece de junio, con asistencia, cuyo día se va en procesión y se paga por esta función al cura que es y por tiempo fuere ocho rrs. vn. y darle de comer, como también a los dos sacerdotes y mayordomo de la iglesia y a los que llevan las insignias una reciproca cosa y no hay ejemplar de haber pago a los asistentes a causa de haber asistido hasta ahora de devoción. Y por la misa cantada del día de Santa Lucia, se pagan otros ocho rrs. a dho cura y la comida”. La cofradía está obligada además a oficiar en la parroquia de San Millán “doze misas rezadas, que es una en cada mes, por las que se pagan veinte y cuatro rrs vn...”.

En el s. XVIII se pierde poco a poco la memoria de las viejas herrerías de Albares y comienza a aparecer en la documentación la “casa de posada, confinante con el camino real que va a Torre, junto a la ermita de San Antonio de las herrerías”, que el concejo de Albares decidió construir en 1777; y que recoge la cartografía del año 1790. Su destrucción tiene lugar en el transcurso de la Guerra de la Independencia (1808-1814) y así se lo hace saber en 1823 al obispo de Astorga, Guillermo Martínez Riaguas (1819-1824), el párroco de Albares, Miguel de Olano: “hubo en el camino real, termino de este lugar, una ermita que se destruyó con la guerra, se intitulaba de San Antonio, su imagen y algunos materiales se trasladaron a esta iglesia...”.

En la actualidad la festividad de San Antonio de Padua, es la más importante de la localidad y se acompaña de una liturgia solemne y de una concurrida procesión. El poder taumatúrgico de la imagen lo pone de manifiesto la “Octava de San Antonio” o “Misa votiva de los Balines”, una celebración centenaria que rememora el milagro obrado por el santo franciscano al impetrar su ayuda Antonio Balín Ramos, tras volcar el carro con el que regresaba a su casa y resultar indemne la pareja de bueyes que lo arrastraba. Una ceremonia que la familia Balín lleva a cabo el último domingo de junio con un oficio litúrgico en la parroquia y un acto de confraternización social en la plaza mayor, que consiste en la entrega de un pequeño refrigerio a los asistentes.

 

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