Es una casa de dos alturas de arquitectura tradicional berciana del siglo XIX, de planta rectangular levantada con muros de mampostería de pizarra, piedra y mortero de barro, cubierta a cuatro aguas con losas irregulares de pizarra: la bodega ocupa la planta baja y semisótano mientras que la superior está dedicada a vivienda.

Dispone de dos corredores de madera y un balcón con barandilla de reja forjada. Uno de los corredores es volado sobre la calle los Huelmos (suroeste) y el otro sobre la huerta (sureste); el balcón con vistas a la plaza de la Iglesia (noroeste).

Fachada Suroeste: lo más llamativo es su gran corredor, casi de lado a lado de la fachada, que se sustenta en trece vigas talladas con adornos en su extremo.

En esta fachada podemos ver la puerta de entrada a la casa, aunque también hay otra mucho más antigua tallada en piedra a la derecha, que da acceso directo a la huerta. Sobre la puerta principal hay un agujero rectangular en piedra arenisca, para entrada del cableado eléctrico. Algo muy curioso, ya que la luz no llego al pueblo hasta 70 años después de su construcción.

La esquina izquierda de esta fachada es de piedra de granito de Montearenas; el resto de piedras sillares de puertas y ventanas son de piedra arenisca.

Fachada Noroeste: esta fachada, totalmente diferente a las anteriores, lleva gran cantidad de piedras grandes de la cantera de Rodanillo, rematando su esquina derecha con granito.

Forjado en la barandilla del balcón aparece la fecha de 1862, año de su construcción, y las iniciales “MV ”, correspondientes a su dueño D. Manuel de Vega, como nos cuenta Benito González en su libro sobre Rodanillo, donde narra la historia del linaje y genealogía de esta gran e importante familia del Bierzo. Aunque D. Manuel nació en Robledo de las Traviesas, todos sus antepasados eran de Rodanillo, tal vez quiso mantener sus raíces y a sus 35 años mandó construir esta casona sobre la ubicación de la casa de su bisabuelo D. Antonio de Vega Yebra. En 1889 muere su dueño y es heredada por su hermano D. Ramón de Vega Yebra Díaz. Ambos fallecieron sin descendencia.

Bajo este balcón se encontraba una ventana enrejada que daba ventilación y claridad a la bodega (actualmente hay una puerta). A la izquierda se encuentra un gran portalón con un arco de medio punto que da entrada a las caballerizas. Durante algunos años fue el taller de carros de Eduardo González Vega, uno de los seis que hubo en el pueblo.

En el centro de la foto: boda de Delfina Martínez y Enrique Cubero con sus padrinos Manuel y Rosenda el 8 de Febrero de 1958. A la izquierda: montón de serrín del taller de carros de Eduardo González, y el estado original de la fachada de la casona de los Vega.
En el centro de la foto: boda de Delfina Martínez y Enrique Cubero con sus padrinos Manuel y Rosenda el 8 de Febrero de 1958. A la izquierda: montón de serrín del taller de carros de Eduardo González, y el estado original de la fachada de la casona de los Vega.

La finca inicialmente disponía de unos 1.125 m2 distribuidos en la casona de 370 m2 (planta baja 170 m2 y planta primera unos 200 m2), las caballerizas de 70 m2, una gran huerta de 600 m2 con dos pozos (el grande hecho por Amable Núñez, su último dueño), una casa que pudo ser el horno y otra inmediata de panera de 85 m2, las cuales ya no forman parte del complejo.

Planta baja y semisótano: entramos en la casa a través de un gran zaguán. Lo más llamativo son sus altos techos cubiertos, su escalera de madera con balaustrada tallada con motivos geométricos y sobre todo su semisótano o bodega, al que se accede por una puerta y se bajaba por una escalera, desde donde puede verse su impresionante arco central de lado a lado de la casa. Esta bodega disponía de un sistema de drenaje propio que discurría por debajo de la casa y la calle, hasta un pilón a unos 80 metros en el camino de los Huelmos o del Camposanto en el que bebían los ganados.

Actualmente el semisótano está cubierto de tierra, motivo por el cual no se ve una ventanilla en aspillera a ras de suelo que hay entre las caballerizas y la huerta, por donde los rapaces del pueblo se introducían por ella atraídos por saber que ocultaba esta maravillosa casona.

Planta primera: accedemos a esta planta a un vestíbulo que hace de distribuidor a los corredores y estancias auxiliares así como a un largo pasillo que da acceso al salón principal y a todas las alcobas. Llama la atención su despensa de madera, lo mismo que las puertas que hay en las distintas estancias, todas ellas con suelos pisados con tablas bien cortadas y bien colocadas. La parte baja de las paredes del salón principal están decoradas y un rosetón pintado en el centro del techo, donde iría una lámpara de aceite, nos dan la idea de una casa de gente acomodada.

Desván: a esta planta se accede por una escalera estrecha de madera desde la primera planta. Todo el desván está pisado de madera de castaño.

Una gran buhardilla y otra más pequeña coronan el tejado; a su izquierda vemos una veleta con los puntos cardinales que en otro tiempo llevó un cazador encarando la escopeta acompañado por un perro. Antiguamente el tamaño de la buhardilla se asociaba al poder adquisitivo de sus dueños.

Desde el 2005 está catalogada en el Plan General de Ordenación Urbana de Bembibre (ficha RO-02) como Casa Señorial, por su singularidad y como ejemplo de arquitectura tradicional berciana.

Actualmente se encuentra en venta la casona, las caballerizas y la huerta (más de 1.000 m2). Esperando un nuevo emprendedor que sepa apreciar el potencial que tienen y que le devuelva el esplendor que un día tuvo. Por ser un lugar muy céntrico y bien comunicado es ideal para un Hotel Rural, una Bodega, un Museo o incluso un Prada a tope III en El Bierzo Alto.

David González Hernández

 

 

 

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