La gran fiesta de homenaje a Enrique Gil y Carrasco organizada este sábado por el Ayuntamiento de Bembibre, contó con una velada literaria celebrada en la explanada del Palacio, con la presencia del escritor y periodista Valentín Carrera, director de la Biblioteca Gil y Carrasco.

Carrera recreó en clave de humor la novela histórica de Enrique Gil, actualizando los personajes y las tramas al siglo XXI: “¿Cómo podría ser en el año 2018 la historia de amor y fuga de don Álvaro y doña Beatriz?”, se preguntó el relator de la velada literaria para seguidamente contestar reinventando los personajes románticos como dos jóvenes rebeldes y contestarios, enfrentados al patriarcado y a las tramas de corrupción.

“Álvaro —relató Carrera con la complicidad de los asistentes— sería hoy un joven de veinticinco años que acaba de regresar a casa tras su primera campaña como voluntario en una ong, rescatando náufragos de pateras hundidas en el Mediterráneo. Trae el pelo largo, recogido en una coleta, una extraña cruz roja de seis puntas tatuada en el hombro izquierdo, y en vez de caballo, tiene aparcada a la puerta del Palacio una moto sin tubo de escape, con la que anda de botellón por las callejas de la villa”.

“Beatriz —rica, joven y agraciada, nos dice el poeta— tendría diecisiete años, pero en 2018 ya no sería tan virgen como en tiempos de Maricastaña: Alvarito, Varo para los amigos, sería el cuarto o quinto amigo con derecho a roce de una lista efímera como las canciones del verano. Nada de vestidos largos hasta los pies: Beatriz viste unos leggins de Zara y una camiseta con la estatua de la libertad estampada, sin nada debajo, quiero decir, sin nada debajo de la camiseta, la alegría de su juventud bailando. Una adolescente rebelde y respondona, con un piercing en el labio inferior que le hace ser aún más atractiva. Un pibón”.

“¡Cualquier día de estos nos va a venir la niña preñada!, grita la madre, doña Blanca, por los salones de Arganza, llevándose las manos al moño emperifollado de laca, laca como para disecar aquel elefante que mató de un certero tiro nuestro amado Rey”.

velada literaria Bembibre

velada literaria Bembibre

La nueva trama imaginada por Valentín Carrera conserva algunos elementos de la novela clásica: el malvado Conde de Lemos (un empresario corrupto y rijoso a quien todos llaman El Conseguidor) quiere casarse con Beatriz por dinero y asociarse con su padre para montar una incineradora en las tierras de Arganza. Una extraña organización secreta, los Templarios del Aire Limpio, dará al traste con los planes del Conde de Lemos, a quien tienen harto, “hasta los mismísimos melocotones, y están a punto de arruinar su negocio más importante, y todo, ¿por qué? ¡Por una simple e inocente chimenea!”.

Para huir del casamiento bastardo con el Conde —al que Beatriz amenaza con pedir una orden judicial de alejamiento—, los enamorados huyen en moto y se esconden en Cornatel, “donde acampan desde hace días una panda de vegetarianos alegres y cantarines, que duermen desnudos bajo las estrellas y hacen el amor a la luz de la luna. Una indecencia”.

“Al saber la huida de su gacela —prosigue el relato—, el Conde de Lemos se presenta enfurecido ante la casa de los Ossorio a reclamar lo pactado: con o sin esposa —ya tomará él lo suyo de grado o por fuerza en cuanto se presente la ocasión—, la construcción de la nueva cementera no puede parar. En su auxilio, el Conde de Lemos ha sobornado a jueces y magistrados; en sus minas convertidas en escombreras, la Guardia Civil mira para otro lado; no hay funcionarios que se atrevan con sus canteras ilegales”.

Al final de la micro-novela, Beatriz lidera la respuesta al Conde corrupto: “Beatriz, puesta en pie, coge el megáfono y arenga a las compañeras: ella no se casará con el ricachón putero y machista; eso está decidido. No habrá boda por dinero ni pacto ni cementera en sus fincas de Toral y Cubillos. En sus tierras, creará una aldea naturalista y un bosque autóctono. Un territorio abierto, libre; libre de malos humos y de basuras, libre de machismos y de condes babosos. Beatriz y Álvaro sueñan con ser felices en un Bierzo muy distinto al que pretenden los señores feudales de Valladolid y Madrid”.

A diferencia de la novela clásica de Gil y Carrasco, que acaba como el rosario de la aurora, la novelita veraniega de Carrera acaba estupendamente: los Templarios del Aire Limpio paralizan la incineradora y expulsan al Conde de Lemos del Bierzo para siempre y, para celebrarlo, a orillas del Boeza, “Álvaro y Beatriz se besan y abrazan apasionadamente, incluso con lujuria, como dos enamorados cuyos cuerpos se funden por primera vez en el crisol del deseo”.

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Vídeo de la velada literaria:

 

 

 

 

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