La Diputación ha inaugurado la exposición retrospectiva del pintor leonés Andrés Viloria, organizada por la institución provincial para conmemorar el centenario de su nacimiento, que se puede visitar en la Sala Región del Edificio Fierro, sede del Instituto Leonés de Cultura, hasta el próximo 27 de enero.

La muestra reúne 53 obras pertenecientes a una colección privada, entre las que se encuentran 2828 pinturas sobre madera, 8 sobre papel y 17 dibujos y grafismos. La muestra abarca un periodo que va desde mediados de los años 60 hasta finales del siglo XX. Se trata de una exposición itinerante que recorrerá diversos lugares de la provincia, y también llegará a Bembibre.

Andrés Viloria

Andrés Viloria nace en abril de 1918 en la pequeña población minera de Torre del Bierzo, hecho que marcó, sin duda, la forma de mirar, aprehender, sentir y expresarse de este artista singular, una personalidad poliédrica, sensible y creativa de gran interés.

La primera etapa transcurre desde mediados de los sesenta hasta los inicios de los setenta. Se caracteriza por la utilización de las texturas matéricas superpuestas a la superficie pictórica y también de texturas visuales por medio de modulaciones tonales. En ocasiones mantiene el lienzo tradicional como soporte, pero utiliza en muchos casos la tabla industrial rígida de aglomerado.

La segunda fase estructural, se desarrolla y delimita temporalmente entre la década de los setenta hasta los inicios de la correspondiente a los ochenta. Aquí introduce cambios fundamentales que suponen un giro muy significativo, comenzando los primeros pasos hacia la negación o destrucción de la pintura en sí misma, un camino matiza el teórico ámbito del informalismo matérico, en el que sitúan sus propuestas normalmente algunos críticos.

La tercera etapa se desarrolla en la década de los ochenta e inicios de los noventa. Un nuevo giro estructural en su obra marcado por varios cambios substanciales. El protagonismo de la obra se traslada al material con el cual la formaliza, maderas de calidad, muchas procedentes de la reutilización de muebles antiguos de nogal, hecho singular que incorpora dos cuestiones de interés a la obra; la primera la transformación icónica y simbólica de un material con memoria histórica y la segunda la singular importancia que concede Viloria a la materialidad como clave esencial de la obra artística.

Por otro lado, abandona el color, exceptuando algunos casos, utilizando generalmente barniz transparente y nogalina, planteamiento que supone en cierto sentido una negación de la pintura en sí misma, el material y el gesto formal tallado con gubias se convierten en las claves de su obra.

La última fase se distribuye desde los inicios de los años noventa hasta los primeros años del nuevo siglo. Como no podía ser menos en un creador de su talante, nos asalta por sorpresa y nos deja anonadados con un nuevo cambio estructural. Lo liviano y delicado, el papel, sustituye a la materia densa, rígida y consistente de la madera; la materialidad y la negación del color dan paso a una intensa y enérgica gestualidad del color que parece liberar energías interiores ancestrales

 

 

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