Bembibre se muestra orgulloso un año más de celebrar el Festival Nacional de Exaltación del Botillo. Una excusa más para disfrutar del plato gastronómico por antonomasia del Bierzo, el botillo.  Un rechoncho embuchado llamado así según Pablo Diácono, por su parecido con la bolsa de guardar los dados y de un color rojo intenso que desde el mítico año 2000 cuenta con denominación de origen. El rito de la matanza casera del cerdo y la elaboración del “botillo berciano” se encuentran entre las costumbres más arraigadas de la Comarca, con una receta inmemorial que se pierde en el tiempo.

Todo botillo que se precie debe llevar una selección de huesos del costillar, el espinazo y el rabo del cerdo cubiertos de carne magra de tamaño regular, como de una pulgada, que se adoban con pimentón, sal, ajos machacados, unas motas de orégano y agua, dejándose reposar esta mezcla entre 24 y 48 horas en una artesa. En esta etapa de preparación la mano y el toque de la mujer berciana han jugado la principal baza para conseguir el éxito culinario. Transcurrido ese tiempo, se introduce todo en la tripa “ciega” del animal, también sazonada de la misma manera, que se ata con hilo de bramante y se cuelga después del techo de una estancia para curarse al humo del roble o la encina durante un periodo de tiempo de entre ocho o diez días, que le otorga ese “ebenáceo color” y le transmite ese sabor tan particular. Cualidades que han convertido a esta célebre vianda en un elemento de identidad de El Bierzo. Considerado plato de fiestas, su consumo se restringe a los meses fríos del invierno y ya aparece citado en documentación del s. XVII.

Se acostumbra a servir cocido con patatas y verdura de la variedad de asa de cántaro, que ayudan a hacer la digestión. En la mesa se presenta entero, humeante, y se abre ante los comensales, separándolo en trozos. Se toma con las manos directamente que es como mejor se saborea y es que la carne pegada al hueso es la más rica y, para arrancarla, es necesario agarrarla con firmeza. Tradicionalmente causa cierta sorpresa su forma y aspecto entre quienes lo contemplan por primera vez y es que, como le pasa a las buenas personas “llevan lo mejor bajo el pellejo”. Pero, una vez degustado, lo difícil es olvidar la picazón que deja en la boca y lo habitual suele ser que se suspire por esta salada golosina.

Según los eruditos franceses, Ernout y Meillet, el botillo sería una voz osca, importada por los romanos como “botûlus”, con la acepción de intestino, que después evolucionó a “botêllus”, que es un diminutivo. En romance fue “botiello” y, finalmente, en castellano, botillo.

Existen distintas teorías sobre el origen de este embutido. Algunos autores sostienen que llegaría a la Península de la mano de los colonizadores romanos, otros atribuyen su degustación a los frailes de la innominada “Tebaida Berciana”, considerándose a monasterios y abadías como excelentes laboratorios chacineros y charcuteros. Lejos de estos postulados, hay quien sostiene que los creadores del botillo fueron los caballeros templarios. En contra de lo anteriormente mencionado, las fuentes orales apuntan que nacería de la necesidad de aprovechar y conservar los escasos productos cárnicos que la población tenía a su alcance en un contexto histórico rayano a la subsistencia, siendo pues en sus inicios un alimento de las clases humildes. Lo que algunos han descrito como un sentido elevado de la economía familiar. De ahí que su grandeza esté en su prosaica sencillez y su fuerte nutriente.

Centrándonos ya en el Festival, mencionar que se remonta al 10 de junio de 1973, en que con motivo de la tradicional “Salida del Santo”, se incluyó como principal novedad del programa de actos. Un banquete que la prensa del momento tildó como “memorable”, y que animó a sus organizadores a repetir la experiencia, pero modificando su calendario, fijándose para el “sábado que antecede al sábado de Carnaval”, que suele coincidir con el mes de febrero, sustituyendo la comida por una cena, al ser la noche el espacio ideal para la confraternización y el divertimento.

1974

Ya en sus inicios se trataba de aunar lo gastronómico, para dar a conocer nuestro más emblemático embutido, y lo cultural, que le diera su razón de ser, con la institución de un concurso literario. Por azares del destino, surgió también la figura del mantenedor. Un ilustrado orador que ensalzase el evento con un meritorio discurso. A lo largo de estos años nos han honrado con su presencia importantes personalidades que con sus discursos han entonado las excelencias, no solo del plato típico en sí, sino también de las costumbres e idiosincrasia y todos los valores de El Bierzo en general y el papel de Bembibre en su contexto. Han sido mantenedores integrantes de la esfera política, como presidentes de gobierno, ministros; del ámbito de la jurisprudencia, el presidente del Tribunal Supremo; y personajes del mundo de las letras y de la música; miembros de la Real Academia; escritores consagrados; afamados periodistas; célebres compositores…

Este Festival, que constituye una cita obligada en la agenda gastronómica nacional, es el momento culminante de una Semana Cultural, con una amplia y variopinta oferta de actuaciones que se desarrollan los días previos y en los que no han faltado a lo largo de estas ediciones, exposiciones, funciones de teatro o poesía, conciertos de música o canto, espectáculos de danza, concursos, conferencias... con los que arropar la llegada del que se ha bautizado como “Sábado Botillero”, que viene a ser su esencia, poniendo el broche de oro a este certamen.

1978

Esta jornada comienza llegada la tarde con la recepción oficial en el Ayuntamiento de las autoridades políticas, sociales y del mundo de las letras que participan en el Festival, a quienes después se acompaña en comitiva al “Bembibre Arena”, para visitar la “Feria Agroalimentaria”. Un escaparate en el que apreciar la rica y variada gastronomía. Posteriormente se dirigen al Pabellón Municipal de Deportes Manuel Marqués “Patarita”, sede de la XLI Edición del Festival y una vez hechas las presentaciones oportunas por la Concejala de Cultura y Juventud, Laura Álvarez Alonso, se procede a la lectura del fallo del “Concurso Literario”. A continuación toma la palabra el Alcalde de la Villa, José Manuel Otero Merayo, que con su saludo, preludia la disertación del mantenedor, Sergio Fernández Luque. Cerrándose el acto con una actuación artística.

Y, ya por último, tiene lugar la tan esperada cena de gala que se sirve en este recinto, que se acondiciona con todo lujo de detalles para la ocasión, llegando a convertirse en un confortable y cálido restaurante de primera clase, con dos salas bien diferenciadas: una habilitada como comedor y otra, dispuesta como pista de baile, pudiendo elegirse entre una reposada sobremesa o disfrutar al ritmo de la música con la Orquesta “Palladium”, alargando así la velada hasta altas horas de la madrugada. 

El menú que se ofrece tiene como protagonista indiscutible al botillo, que se acompaña con chorizos escaldados, cachelos y verdura. Como entrante suele elegirse lacón con pimientos del Bierzo, con la particularidad de servirse fríos, como “desengrasante” se ha incorporado un plato de pescado y como postre, la exquisita tarta charlota, dejándose el resto a la imaginación del chef. Todo ello regado con ricos caldos de la Comarca, que cuentan también con el distintivo de calidad.

2012

Entre los comensales se encuentran importantes representantes de los distintos ámbitos de la vida pública y amantes de la buena mesa, que no quieren perderse tan señero acontecimiento, y es que, éste es sin lugar a dudas un foro de encuentro, porque si algo caracteriza  al rechoncho embuchado es que ha de comerse siempre “en común unión”. Constatándose a lo largo del tiempo su enorme poder de convocatoria, con una asistencia que ronda los mil comensales, suscitando un enorme interés entre los distintos medios de comunicación, con una amplia cobertura informativa. No en vano puede decirse que Bembibre se convierte en este día en punto de referencia cultural.

La trayectoria del Festival ha sido reconocida por la Consejería de Industria, Comercio y Turismo de la Junta de Castilla y León con el Blasón de Plata en el año 1999 y la Declaración de Fiesta de Interés Turístico Regional en el 2000 y el de Fiesta de Interés Nacional en el 2008. 

Manuel I. Olano Pastor

 

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