El próximo viernes, 5 de julio, a las 19.30 horas, la Casa de las Culturas acogerá la inauguración de la exposición “Kati Horna. Fotógrafa en la guerra civil española”. Una muestra que presenta una parte de su colección, y que podrá visitarse hasta el 30 de julio, organizada por la Junta de Castilla y León. Es propiedad del Ministerio de Cultura, Centro Documental de la Memoria Histórica.

Kati Horna, Budapest, 1917-México, 2000. De apellido paterno Deutsch y materno Blau, se formó en los círculos intelectuales de la Vanguardia centroeuropea, decantándose por la fotografía, que precisamente en esos momentos alcanzaba cotas de autonomía profesional y novedad técnica bien reflejadas en su éxito como formato artístico e informativo. Así, Horna frecuentó el taller de József Pécsi y ya a principios de los años 30 trabajó para la agencia Deutsche Photodienst (la conocida Dephot) donde coincidió con su compatriota Endre Ernö Friedmann, conocido como Robert Capa. De inmediato es empleada de la Agence Photo en París, donde sus primeros reportajes revelan su interés por lo cotidiano como representativo de una circunstancia histórica trascendente, así como su inclinación a un punto de vista surrealista o, al menos, insólito.

Como otros muchos fotógrafos -y fotógrafas- la guerra civil la trajo a España, y en 1937 comenzó a trabajar (aunque nunca cobrara por ello) para el Comité de Propaganda Exterior de la CNT y para distintas publicaciones libertarias y anarquistas: Libre Studio, Tierra y libertad, Tiempos nuevos, Mujeres libres, etc. siempre en zona leal a la república. Fue entonces cuando adoptó el apellido de su pareja, el cartelista y escultor andaluz José Horna, a quien siguió en 1938 a Francia, donde éste se encontraba exiliado en un campo de refugiados. Las instantáneas de aquellos meses la acompañaron entonces en una latita de hojalata que contenía 270 negativos fotográficos que trasladó a su exilio mejicano poco después. Establecida en el país centroamericano, como muchos republicanos, continuó trabajando en su campo, exponiendo notables reportajes, llenos de experimentación y búsqueda, o impartiendo magisterio a nuevas generaciones de artistas. En 1979 ofreció al gobierno español, nuevamente democrático, su trabajo en la guerra civil, que fue depositado en el ahora denominado Centro de Documentación de la Memoria histórica en 1983.

El fondo seleccionado que puede verse en esta muestra subraya ese interés personal por la gente, por una vida cotidiana entre la resistencia y la ilusión, en la que la fotógrafa habita con naturalidad como uno más. Escenas de la calle, populares, colectivas o retratos, de personajes anónimos o no que sobre todo acaban por mostrar en sus rostros la topografía de un tiempo ruin.

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