Durante las últimas tres semanas, un grupo de investigadores se ha afanado por rastrear las huellas que los pastores han dejado en los pastizales de Babia desde hace milenios. El doctor David González Álvarez del Instituto de Ciencias del Patrimonio del CSIC ha coordinado este equipo internacional compuesto por los arqueólogos Valentín Álvarez Martínez, Kayt Armstrong y Jorge Canosa Betés, junto a estudiantes de varias universidades de España, Reino Unido y Portugal. Continuando las labores iniciadas en su primera campaña de septiembre del pasado año, el equipo centró sus esfuerzos en localizar y estudiar –mediante teledetección, inspecciones sobre el terreno, prospecciones geofísicas y la excavación arqueológica de sondeos– los numerosos asentamientos pastoriles existentes en espacios de pasto al norte de La Cueta y Torre de Babia (Cabrillanes). Este proyecto cuenta con el apoyo del Instituto Leonés de Cultura de la Diputación de León, el Ayuntamiento de Cabrillanes, el Departamento de Arqueología de la Universidad de Durham (Reino Unido) y el Instituto de Ciencias del Patrimonio del CSIC. Los resultados preliminares no pueden ser más prometedores, pues apuntan a la compleja evolución de los paisajes leoneses de alta montaña, en cuyo modelado las actividades pastoriles han desempeñado un papel central a lo largo de la historia.

Una metodología avanzada para extraer toda la información enterrada en los pastizales de altura

La vertiente leonesa de la Cordillera Cantábrica alberga incontables trazas de su biografía ligada al pastoreo. Ruinas de cabañas, corros y cercados para el ganado salpican las praderas estivales de Babia, donde aún pastan los últimos rebaños de ovejas llegados desde La Ribera o incluso Extremadura, además del ganado local de los pueblos cercanos. Esta actividad ganadera ha sido clave en la formación de estos paisajes, que ahora languidecen consecuencia de las transformaciones que atraviesa el medio rural. Todos estos restos corren peligro de caer en el olvido, al desaparecer los pastores que han guardado la memoria sobre estos lugares y las formas pastoriles tradicionales. Las numerosas ruinas que encontramos en estas montañas podrían parecer muy recientes, de apenas unos pocos siglos de antigüedad; pero la realidad es más compleja y diversa: algunos de estos restos responden a momentos muy lejanos en el tiempo. La Arqueología emerge de este modo como la disciplina llamada a recuperar los últimos datos de esta forma de vida, y obtener también informaciones sobre sus orígenes y desarrollo a lo largo de milenios.

Las investigaciones en campo se inician con la elaboración de un catálogo detallado de las ruinas existentes en la zona de estudio. Se tratan de identificar así patrones comunes en sus formas constructivas, tipologías o ubicaciones preferentes a través de fotografías aéreas y satelitales, y la inspección sobre el terreno de los restos apoyándose en aparatos GPS de alta resolución. Una vez determinados los lugares de interés, se realizan prospecciones geofísicas con magnetómetros. La doctora británica de la Universidad de Durham Kayt Armstrong coordina esta fase que, en ocasiones, logra detectar estructuras que permanecen enterradas bajo la superficie invisibles al ojo humano. El último y definitivo paso en campo es la excavación de sondeos arqueológicos, para confirmar las evidencias de ocupaciones pretéritas detectadas durante la prospección geofísica, asignar una cronología a los diferentes restos, así como determinar la funcionalidad de los enclaves investigados.

Prometedores resultados preliminares

La campaña de 2018 en Cabrillanes ha sido un verdadero éxito. Las tareas de catalogación han reconocido más de un centenar de estructuras relacionadas con el aprovechamiento pastoril de estos espacios elevados. Algunos de estos enclaves fueron posteriormente estudiados mediante prospecciones geofísicas y excavaciones. Los sondeos arqueológicos desvelan la diversidad cronológica de estas estructuras, que reflejan diferentes fases históricas en el aprovechamiento pastoril de estas montañas. Como en 2017, se han excavado varias cabañas y abrigos con niveles de ocupación que se remontan unos pocos siglos hasta época medieval y moderna. Además, se han identificado algunas estructuras vinculadas a la Guerra Civil española próximas al límite administrativo con Asturias. Otros sitios excavados no ofrecen, en cambio, materiales diagnósticos que determinen una cronología precisa. Por ello, los arqueólogos deberán esperar a los análisis radiocarbónicos de los restos orgánicos recuperados durante las excavaciones que serán enviados a laboratorios. También se estudiarán carbones, semillas y pólenes para conocer los cambios del paisaje en Babia.
La sorpresa de este año ha sido la identificación de niveles de ocupación durante la Edad del Bronce. Uno de los sondeos realizados ha permitido recuperar pequeños fragmentos cerámicos asignables a este período: testimonio exiguo, pero expresivo, de la frecuentación de estos pastizales de altura hace unos 4000 años por grupos humanos que serían responsables, probablemente, de la temprana domesticación de estas montañas. Este horizonte temporal coincide con ciertos cambios apreciables en la cobertura vegetal de la comarca. Entonces, los registros de pólenes antiguos en algunos lagos y turberas de este sector de la Montaña leonesa muestran la disminución de la masa arbórea y la extensión de los pastizales. ¿Nos encontramos ante las huellas dejadas en Babia por los primeros pastores que modelaron con sus rebaños estos paisajes a finales de la Prehistoria? El análisis de los datos recuperados en campo ofrecerá respuestas en los próximos meses para tan sugerente interrogante.

Un proyecto arqueológico con vocación de futuro para Babia

Los prometedores resultados de estos trabajos y la cálida recepción por la población local de las investigaciones abren la puerta a la continuidad de este proyecto arqueológico. En esta segunda campaña, el equipo dirigido por David González Álvarez ha podido fortalecer los medios de los que disponían gracias a una subvención cofinanciada por el Instituto Leonés de Cultura de la Diputación de León y el Ayuntamiento de Cabrillanes. Estos recursos se unen a los dispuestos por el Instituto de Ciencias del Patrimonio del CSIC y el Departamento de Arqueología de la Universidad de Durham. La universidad británica ofrece este proyecto como uno de los casos prácticos para formar a sus estudiantes en trabajo de campo.

Tras dos campañas, queda claro que la Arqueología nos permite ensanchar el conocimiento histórico sobre el pastoreo en Babia, actividad central en la memoria e identidad cultural de esta comarca. Este proyecto insiste en la relevancia que las comunidades locales tienen en la gestión del paisaje, realzando el papel clave del pastoreo en la modelación de los espacios de montaña. A la vez, estas investigaciones abren nuevas posibilidades para la puesta en valor del Patrimonio cultural propio de estos paisajes, diversificando y complementando los relatos ofrecidos actualmente a los visitantes que se acercan a la de la Reserva de la Biosfera de Babia.

 

 

 

 

 

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