No habiendo nada tan valioso como para que dure siempre, conviene plantear cambios y hacer limpiezas y reformas cada cierto tiempo, 40 años quizás, como cuando tiramos los trastos inútiles o estropeados. Parece mentira que, con tanto como los políticos hablan de política, no hablen de qué hacer con la monarquía. Sin prejuicios, dramas, ni amenazas.

Hace unos días, y con palabras parecidas, le hacían esta misma pregunta a Pilar Urbano en TV3. Una gran conocedora de la Casa Real a quien, como a Jesús Cacho y a muchos más sobrevenidos, no les importa ahora desvelar todo lo que siempre han sabido sobre juergas y dineros sucios de Juan Carlos I, con tal de salvar la monarquía de Felipe VI en un país que hasta ayer mismo no era monárquico sino juan carlista. El caso es que la periodista contestó que el problema consistía en que no veía a nadie con categoría suficiente para ser presidente de una república.

Al principio no la entendí, pero, aunque no estoy de acuerdo con esa afirmación, ni con su relevancia para el caso, podría tener razón si la respuesta se interpreta de otra manera. Puede ser que el problema que tengamos sea de falta de valentía política. La Monarquía, además de avergonzar a toda España con más corrupción que si fuera la Gurtel del PP, ha fracasado estrepitosamente con el tema de la unidad territorial. Y solo sirve para un discurso en Navidad.

Imagine ahora que es usted Felipe VI, una persona que, junto a sus dos hermanas, siempre que no aparezcan ADNs positivos en el futuro, se repartirá una herencia de origen inexplicable de más de dos mil millones, según el New York Times, salvo que su padre, que cada vez que aparece en público es víctima de una catarata de ironías, decida donar su fortuna a causas humanitarias, que “yo ahí lo dejo”, tal como dice el anuncio. E imagine también que el PSOE, Podemos y los nacionalistas, que son y seguirán siendo mayoría de votos y diputados según todas las encuestas, le comunican que “Catalunya bien vale una república en España” y que ya no creen en ese cuento de que el pueblo español no es capaz de organizarse en paz si no es con un dictador o con un rey, y que ha llegado el momento de cambiar para que las cosas no se sigan estropeando. ¿Qué haría usted? ¿Llamaría al nuevo jefe de la oposición, el del master y otras trampas, para saber lo que debería hacer con su trono, o respetaría la voluntad popular y facilitaría las cosas, poniéndose en primer lugar a las órdenes del Gobierno?

Quizás al actual presidente del gobierno le gustaría conocer su respuesta, aunque usted no sea Felipe VI.

Domingo Sanz

 

 

 

 

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