Las campañas electorales que precedieron las dos elecciones que hemos tenido este año han estado marcadas por esa “España vacía” de la cual, me atrevo a augurar, nadie se acordará una vez se formen los correspondientes órganos de gobierno de este país, ya sea a nivel local, autonómico o nacional. ¿Dije nadie? Una pequeña imprecisión si tenemos en cuenta la cantidad de familias que viven con resignación el olvido generalizado que sufren por parte de las instituciones.

Esta sensación de trato discriminatorio hacia el mundo rural se da en San Román de Bembibre, pueblo (aunque algunos lo pretendan convertir en barrio) del que soy natural y a mucha honra. En San Román, siendo justos, recibimos una visita periódica de un médico y estamos relativamente bien comunicados. Ahora bien, episodios recientes, que de lo esperpénticos que son bien podrían ser el argumento de una obra valleinclanesca, han generado una sensación de malestar, diría yo, bastante generalizada entre los vecinos de esta pedanía. Y desde luego el símil literario no podría ser más acertado, porque la reforma de la rotonda es, por antonomasia, una obra (ya de otro tipo) valleinclanesca. No se puede entender que dicha renovación haga caso omiso de la existencia de un pueblo colindante a Bembibre, como si fuese ya prácticamente un barrio. Y ya del tema de los desaparecidos letreros que anuncian la llegada a San Román ni hablamos.

Todo ello con la excusa de que es para anunciar la entrada al municipio. Pero ojo, desde esa rotonda a la del templario (donde sí que comienza la localidad de Bembibre) todavía queda algo así como un kilómetro de carretera en cuyos laterales uno se encuentra maravillas como dos campos de fútbol abandonados o, normalmente, una gran cantidad de maleza donde cualquier día será posible encontrar alguna especie remanente del Cretácico superior, y quizá ni con ese hallazgo se le tenga un mínimo de respeto al pueblo.

Y la verdad es que esto no va de siglas y mucho menos de nombres: ya puede ser Cao, Otero o el Emperador Palpatine el regidor del ayuntamiento, que las lógicas quejas iban a ser equivalentes. Los vecinos de Arlanza, Labaniego, Losada, Rodanillo, San Esteban del Toral, Santibáñez del Toral, Viñales y nosotros mismos merecemos tanto respeto como un ciudadano de Bembibre.

Ahora me dirijo a la que, presumiblemente, va ser la nueva alcaldesa del municipio. Antes de nada, le deseo una legislatura llena de buenas decisiones que lleguen a los vecinos. Yo vi el debate que se organizó con los siete alcaldables y usted se refirió a la obra de la rotonda o al estado de los campos de fútbol: solamente le pido que tenga en cuenta las peticiones de los vecinos de San Román, ya que, además de ser la alcaldesa de la localidad de Bembibre, lo será también de las pedanías.

No puedo evitar acabar esta reflexión sin agradecer a Enrique (quién en San Román no conoce a Enrique) y a la Comisión de Fiestas su desinteresada colaboración con el pueblo. Si San Román es lo que es sin duda es, en gran medida, gracias a vosotros.

Hugo Neira Pérez

 

 

 

 

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