Los antiguos alumnos de la promoción 1968-74 del Instituto El Señor de Bembibre se reunieron los días 29 y 30 de octubre en unas jornadas de convivencia. Los orígenes del grupo de whatsapp Instituto Bembibre son muy recientes. Los primeros contactos los iniciaron los tres fundadores (O'Donnell, Pin y Ulloa). En junio de 2016 se creó el grupo que fue creciendo como pólvora a raíz de la comunicación por whatsapp y diferentes encuentros en Bembibre, San Miguel de las Dueñas y las ciudades de Barcelona y Madrid. Los compañeros estamos diseminados por varias Comunidades Autónomas, sobre todo, por Castilla y León, Cataluña y Madrid, pero también por otros lugares de la geografía de la «piel de toro». Los creadores de la asociación han contactado con ochenta compañeros, aunque no todos pertenecen a la misma; no obstante, están informados de las noticias y eventos más relevantes.

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El grupo estudió en el actual IES El Señor de Bembibre, anterior sección delegada del Instituto Nacional Gil y Carrasco de Ponferrada. En el curso 73-74 terminamos COU convirtiéndonos en la primera promoción de estos estudios. Un día nos fuimos sin despedirnos la gran mayoría; sin embargo, nos hemos vuelto a encontrar después de cuarenta y dos años. Seguimos siendo aquellos «chicos torpes y listos, dóciles y ariscos», pero ahora nos hemos convertido en personas que peinamos canas.

La agrupación participó de forma activa el pasado fin de semana en tres actos organizados por los amigos residentes en la zona. El primer acontecimiento fue un magosto, fiesta tradicional del Bierzo en época otoñal. Ecos de las fiestas del fuego celta y las saturnales romanas resonaron en el pequeño, pero acogedor pueblo de Viñales. Algunos compañeros hicieron los preparativos del magosto y posterior barbacoa. Poco a poco se iban incorporando viejos colegas, recién llegados de otros lugares de España. El vino, proporcionado por la bodega de Ulloa, hacía que la primera emoción del encuentro fuese más intensa. Terminado el magosto, se preparó la barbacoa con productos que invitaban a seguir degustando el vino, acompañada después por dulces de nuestra amiga Merce y por las pastas del monasterio cisterciense de San Miguel de las Dueñas.

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Uno de los momentos culminantes de la noche fue la elaboración de la queimada. Cuatro atrevidos actores ataviados con la ropa, que exige este solemne acto nocturno, empezaron a representar el ritual. El maestro de ceremonia fue Adolfo que comenzó la lectura del conxuro de Xosé Castro. Después de invocar a los mouchos, coruxas, sapos e bruxas, la emoción aumentaba hasta llegar al momento culmen con la apoteosis final. Pasado un tiempo prudencial, con el sabor del apetitoso licor gallego en la boca, fuimos dejando el lugar como « mochuelos a sus olivos».

El segundo evento fue la recepción y la visita al Instituto. En primer lugar, visitamos un aula con un mensaje escrito en la pizarra dándonos la bienvenida. Poco a poco entramos en el centro, pero no en tropel como hacíamos cuando éramos estudiantes. Algunos intentaron sentarse en las sillas con morriña de antaño; otros, permanecieron de pie. La clase no ha cambiado mucho, aunque echamos de menos la tarima y los antiguos pupitres. A continuación nos dirigimos al salón de actos, nuevo para nosotros. Aquí fue donde nuestro compañero O'Donnell tomó la palabra. La emoción del momento se notaba en su voz. Primero hizo un agradecimiento al grupo; luego un recuerdo para los cuatro amigos y dos profesores que ya no están con nosotros. Cerró el acto con unas emotivas palabras invitándonos a continuar el camino iniciado. Finalmente un aperitivo nos esperaba para poner punto final a la primera parte de la jornada.

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En el tercer acto nos reunimos en el restaurante La Piedra de San Román de Bembibre. Como la legendaria Orden de los Caballeros de la Mesa Redonda, nos congregamos, en este caso, en torno a unas mesas para celebrar una comida de convivencia. Al ágape acudimos cuarenta y dos compañeros y tres profesores. Éramos una cuarentena de amigos que deseábamos traer a la memoria viejos recuerdos de juventud. Lo importante del refrigerio no fue la comida sino la relación y los actos que tuvieron lugar después. Al final de la comida se hizo entrega de cuatro diplomas a los responsables de la creación del grupo. Se dejó notar la habilidad de Mª Paz, la maestra de la ceremonia, y la sapiencia de Rafa en el arte de la impresión. Los candidatos al sobresaliente y mención de beca fueron: Pin, por ser el óptico con más vista para reunir al grupo; Ulloa, por sus conocimientos del vino; O'Donnell, por sus grandes dotes de organización y Samuel, por su trabajo de campo para reunir al grupo. No faltaron las palabras del profesor don Avelino, que en nombre de los docentes, agradeció la invitación a la comida y el deseo de continuidad del grupo.

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No queremos terminar este artículo sin citar algunas de las opiniones que han vertido varios compañeros durante estos dos días: «un recuerdo precioso»; «dos días fantásticos con gente fantástica»; «días estupendos e inolvidables»; «ha sido un encuentro cariñoso, emotivo y entrañable».

Texto: Jesús Blanco
Fotografías recopiladas por José Luis García

 

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