Dos 'sinpa' considerables en la comarca, uno con 120 comensales y otro con cerca de 200, a lo que hay que sumar otros dos intentos con las mismas características. Todo hace pensar que se trata de una banda que contrata un banquete por todo lo alto para marcharse sin pagar. El rastro de la banda parece que se extiende por diversos negocios hosteleros que han sufrido esta oleada de 'sinpas' de récord y en otros lo intentaron sin éxito.

Las similitudes son más que notables, pero en esta ocasión la ‘broma’ de los invitados de una supuesta boda en El Rincón de Pepín fue aún más grave que el bautizo del restaurante El Carmen de Bembibre. En el restaurante ponferradino fueron cerca de 200 comensales los que se levantaron de la mesa en estampida cuando terminaron de comer, aprovechando las idas y venidas del personal sirviendo la boda. Esto en cifras superaría los 10.000 euros de perjuicio en la cuenta.

Los hechos –que no habían trascendido a la opinión pública- tuvieron lugar a mediados del pasado mes de febrero con motivo de una supuesta boda que había contratado una familia originaria de un país de Europa del Este, posiblemente de Rumanía. Misma radiografía de la banda que en El Carmen.

Al finalizar el banquete y mientras disfrutaban de una fiesta por todo lo alto, aprovecharon el bullicio del momento para abandonar el establecimiento en estampida hacia el aparcamiento, tal y como confirmó a Bembibre Digital e Infobierzo la propietaria del Rincón de Pepín, Laura Arias, sin que nadie abonase el servicio.

El personal pudo anotar la matrícula de varios coches, y así lo reflejaron en la correspondiente denuncia. Después de todo este tiempo no se ha producido ninguna detención.

La propietaria de El Rincón de Pepín no quiso dar detalles del importe adeudado, aunque destacó expresamente que se trata de un menú de boda, generalmente por encima del menú contratado para un bautizo. Parece lógico pensar que la presunta estafa puede ser de varios miles de euros. Según estimaciones, podría moverse en cantidades cercanas a los 10.000.

Otro detalle destacado: en las mesas tampoco faltó ni whisky ni vino, algo que piden expresamente al restaurante.

Mismo modus operandi

El modus operandi es el mismo: un grupo de ciudadanos de un país de Europa del este, una supuesta celebración con un banquete por todo lo alto y la gran estampida final. La duda que se plantea ahora es si se trata de diferentes personas o, por el contrario, si se trata de un banda organizada que ha encontrado la forma de disfrutar de un menú por todo lo alto pagando sólo la señal.

La presunta estafa comienza con la primera toma de contacto. Ante la posible desconfianza que pudiera causar cerrar la fecha de un banquete multitudinario con unas personas desconocidas de acento extranjero para celebrar un ritual al estilo rumano, los presuntos estafadores dan el primer paso como muestra de cordialidad y ofrecen el pago de una señal.

Tal y como ha trascendido en otros casos, parece que ellos mismos plantean la opción de los 900 euros por adelantado.

El establecimiento firma un contrato (con lo cual, si la documentación de aquellos está en regla, quedaría identificada una persona), con el compromiso de abonar la diferencia al finalizar el banquete. Parece descabellado pensar en este momento que más de 100 personas se puedan dar a la fuga.

El día señalado se presentan en el establecimiento, que cumple con su parte y sirve el banquete con el consiguiente y necesario refuerzo de personal.

En el caso de Bembibre acudieron 20 invitados más de los que inicialmente se habían contratado.
La comilona no ha finalizado y comienza la fiesta con músicos en directo que acuden con el resto de invitados. En este momento el bullicio es aún mayor.

En este tipo de banquetes el personal entra y sale continuamente para servir los diferentes platos y recoger, por lo que sólo hay que esperar el momento idóneo. Los invitados recogen sus pertenencias y todos a una salen del local dirigiéndose a sus coches.

Como detalle, llama la atención que entre los coches hay numerosos vehículos de gama alta que no están al alcance de cualquier sueldo. La salida del aparcamiento del establecimiento se efectuó supuestamente con virulencia sin detenerse cuando el propietario intentó echar el alto al clan del ‘sinpa’

En el Novo hubo un intento

Más precavidos fueron los gerentes del Hotel Restaurante Novo, ubicado en el km 386 de la N-VI, que tras una primera contratación realizada el año pasado, concretamente de uno de los locales de las instalaciones para conmemorar una pedida de mano, no quiso volver a aceptar ninguna de las peticiones que un grupo también de ciudadanos de Europa del este le solicitó en varias ocasiones.

Se trató de una pedida de mano a la que acudieron algo más de un centenar de personas. En aquella ocasión,  los clientes sólo utilizaron el espacio "y ellos se encargaron de traer todos los productos del convite, así como las bebidas". Más allá de pequeños hurtos de cubertería y vajilla, varios representantes del grupo recurrieron dos o tres veces más al Hotel Restaurante Novo para reservar, nuevamente, alguno de los espacios. Incluso, también con intención de cerrar un menú para más de cien personas. La última vez que tuvo lugar una entrevista entre el cabecilla  y el gerente del Novo fue a comienzos de febrero para encargar un bautizo, curiosamente en unas condiciones parecidas a las que unos días después se produjo en El Carmen de Bembibre.

Al respecto explica el encargado del negocio ubicado en la N-VI que "me negué rotundamente". "Le llegué a pedir el dinero por adelantado y una fianza, así como la firma de un contrato con el encargo y las cantidades acordadas y abonadas". En primera instancia se mostraban de acuerdo, pero luego no volvían a aparecer o, como mucho, "volvían al restaurante para intentar convencerme de que me daban un adelanto y que el resto lo pagarían el día de la celebración".

Ante este panorama, los dueños del Novo siempre se negaron "porque no nos fiábamos, a pesar de que el convite podía ascender hasta los 3.000 o 4.000 euros, cantidad que es complicado rechazar, pero así lo hicimos".

En el Ponferrada Park, un bautizo fallido

En el Ponferrada Park habrían intentado contratar un bautizo -curiosamente también un grupo de ciudadanos del Europa del este- para un centenar de personas, pero el propietario del local les exigió el pago por adelantado del 100%, lo que sirvió para ahuyentar al clan del ‘sinpa’.

El propietario del Ponferrada Park, Alberto Villaverde, aseguró que le habían pedido presupuesto para un centenar de personas, “les dije que teníamos que hacer un contrato y que me lo tenían que abonar por adelantado”.

En principio la supuesta banda accedió, e incluso el propio Villaverde aseguró que la habían dejado un DNI “a nombre de un rumano”, pero unos días antes se presentaron para intentar un cambio en las condiciones pactadas: “me querían dar una seña y el resto al terminar el banquete”. La señal que ofrecieron era de 900 euros y el precio total del banquete de 3.000.

 

 

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