No pasaron ni seis horas y el Botillo ya ha despachado todas las entradas, que salieron hoy mismo a la venta. A primera hora de la mañana la oficina de La Caixa comenzó a registrar las primeras colas que llegaron incluso hasta la calle, un hecho que daba a entender que en poco tiempo se acabarían. Pero nadie podía imaginar que sería en unas pocas horas, en menos de seis horas.

El alcalde de Bembibre, José Manuel Otero, confirmó a última hora de la mañana que las 1.000 localidades que se han puesto a la venta se despacharon esta misma mañana. Ni las previsiones más optimistas -que ya contemplaban la posibilidad de que las entradas se agotaran esta semana- podían llegar a vaticinar que la venta terminaría el primer día.

“Aquí tenemos un problema de aforo, pero es un problema de aforo que no se soluciona con 100 ó 200 entradas más”, reconoció el alcalde, quien no dudó en afirmar que, de disponer de localidades adicionales, “también se venderían”.

Una situación que reabre el debate sobre si es necesario un cambio de planteamiento, y sobre cómo proceder en ediciones futuras. “¿Significa que el próximo año habrá que sortearlas?”, se preguntó el propio alcalde, quien también apuntó que el evento “está adquiriendo una nueva dimensión y hay que ver qué supone esto”.

Respecto a la opción de trasladar la cena al pabellón Bembibre Arena, este año quedaría descartada, pero tampoco es una opción por la que se decante el regidor. Si bien reconoce que la Feria Agroalimentaria podría mover sus fechas, Otero no ve factible este traslado por las condiciones de este pabellón para albergar la gala, cena y posterior orquesta. “En cualquier caso ahora mismo no vamos a descartar nada porque el Botillo ha alcanzado unas dimensiones que no había tenido jamás”.

El alcalde ha valorado esta edición como “histórica”: “lo que nunca había ocurrido en la historia, con colas a primera hora de la mañana”. “Que en una mañana se hayan agotado las entradas significa que ahora mismo está en el momento álgido”, aseguró.

Unos hechos que en los últimos años comienzan a ser habituales: en 2016 se presentó el primer problema de aforo con 1.200 comensales. Una situación que se repitió en la última edición de 2017, pero entonces las entradas se agotaron a las tres semanas. Y todo ello sin olvidar que en 2013 el evento atravesó su momento más complicado con tan sólo 580 comensales. “Hemos vuelto a resucitar a ese que estaba medio muerto y más vivo del todo y con más ganas”.

 

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